OLIVARES (ZAMORA): UN BARRIO OBRERO AHOGADO EN SANGRE POR EL FASCISMO

Olivares desde el castillo 1960Introducción

Cuando Millán Astray propugnaba “entrar a cuchillo en los barrios obreros” no hablaba en sentido metafórico. La mejor prueba de ello se encuentra en el barrio zamorano de Olivares, situado a sólo unos centenares de metros de la casa donde el entonces coronel se alojaba en sus visitas a la ciudad. Sin duda, los golpistas consideraban que este barrio merecía un escarmiento ejemplarizante, no en vano se trataba de uno de los pocos distritos –junto a los de Puente Viejo, Cabañales, San Frontis, Pantoja, San Lázaro Este y Oeste y Los Molinos- en los que el Frente Popular había ganado las elecciones, dentro de una ciudad y una provincia mayoritariamente conservadoras. El paradigma de esta política de exterminio es la calle Abrazamozas, ocho de cuyos vecinos (en una calle de seis edificios habitados) fueron asesinados.

Olivares, arrabal sucesor de uno de los vecindarios o “pueblas” creados al pie de las murallas, había estado habitado tradicionalmente por artesanos –alfareros o ceramistas- y trabajadores manuales, fundamentalmente de la industria harinera localizada en sus molinos (aceñas). La tradicional actividad alfarera se había revitalizado a mediados del XVIII con la llegada de alfareros originarios de Jiménez de Jamuz (León), como Antonio Cabañas Prieto, fundador de una dinastía que se prolongaría durante más de un siglo, de la que el representante más conocido sería Lucas Cabañas, que llegaría a ser concejal en el ayuntamiento y a dar nombre a una calle del barrio. La crisis de la artesanía causó la proletarización de buena parte de la población del barrio, y en el padrón de 1873 encontramos sólo once alfareros, mientras que los jornaleros representaban alrededor del 50% de la población activa. En 1936, la población obrera del barrio se había triplicado y la alfarería casi había desaparecido.

 

 

Un barrio obrero y combativo

Se trataba de un barrio de larga tradición de asociacionismo obrero, mantenida a lo largo del período republicano, incluso en momentos críticos como las elecciones generales de 1933. En las elecciones de febrero de 1936 el Frente Popular ganó en Olivares con un 53’9% de los votos.

En la calle Trascastillo tenía su domicilio el electricista Ángel Salvadores, primer presidente de la Federación Provincial de Sociedades Obreras (1922), y vicepresidente de la agrupación socialista de Zamora (1933). En la calle Nueva vivía el jornalero Tristán Maíllo Lagares, natural de Jambrina, secretario de la Sociedad de Obreros Agrícolas y vocal de los Jurados Mixtos del Trabajo Rural. En los Jurados Mixtos trabajaba como ordenanza Antonino Cabañas Bernardino, descendiente de Antonio y Lucas Cabañas y vocal del comité provincial del PSOE en 1931, que completaba su sueldo trabajando como zapatero.

Quirino Salvadores, Vicenta Leal y Ángel Salvadores

Las Juventudes Socialistas contaban con bastantes afiliados y simpatizantes en Olivares, entre ellos el encuadernador Evaristo Peláez, miembro fundador de la Sociedad Deportiva Obrera, y otros más jóvenes como Ignacio Barrios, el pintor Trinidad Esteban o Rafael Ramos Barba.

El albañil Ignacio Higuera Vara, que vivía en la calle Gijón, fue en 1932 uno de los fundadores de la CNT en Zamora (su hermano Antonio, que trabajaba como zapatero, estaba casado con una hermana de Antonino Cabañas). Otros vecinos del barrio pertenecientes al Sindicato Único eran los hermanos Amador y Juan Manuel Villalpando Riego, que trabajaban como jornaleros.

Recién proclamada la República, Antonino Cabañas denunció ante el nuevo ayuntamiento la usurpación de bienes comunales en el barrio, que fue planteada en el pleno municipal y en la comisión de policía urbana. Este protagonismo comunitario, unido a su militancia socialista y a su trabajo en los Jurados Mixtos, lo convirtió en una persona odiada por la derecha. Tras la huelga revolucionaria de octubre de 1934, fue detenido, como tantos miembros del PSOE, y la prensa derechista no dejó pasar la ocasión de calumniarlo. El Correo se hizo eco de la descabellada acusación según la cual, “según el rumor público, había sido nombrado verdugo por el Comité revolucionario de esta capital para el caso de que el movimiento sedicioso hubiera triunfado en España”, pero este bulo no fue suficiente para fundamentar que fuera condenado.

Antonino Cabañas 3

Antonino Cabañas

Los enfrentamientos entre los militantes obreros y los sectores más radicalizados de la derecha se dejaron sentir en el barrio, y el cenetista Ignacio Higuera fue herido en un enfrentamiento durante la campaña electoral de 1933. El herrero Alfonso Baladrón Maderal fue detenido al año siguiente después de un enfrentamiento con falangistas. En mayo de 1936, en la plaza de los Ciento, a pocos metros del barrio, un joven de Olivares, Rafael Ramos Barba, fue asesinado por Manuel de Lera, padre de un joven falangista con el que Rafael había tenido un enfrentamiento poco antes. En el momento de producirse el suceso se encontraba presente Antonio Higuera Vara, que sería llamado a declarar como testigo de cargo. El cortejo fúnebre de Rafael Ramos partió del barrio de Olivares escoltado por jóvenes militantes de las JSU, y después del entierro se produjeron enfrentamientos que concluyeron con el linchamiento del falangista Martín Álvarez. El juicio se celebró un mes más tarde, y Antonio Higuera, como otros testigos de cargo, quedaría señalado como objetivo para la represión (no en vano, uno de los protagonistas de la trama civil del golpe, Venancio Hernández Claumarchirant, que en aquel juicio defendía a Manuel de Lera, seguiría recordando varias décadas más tarde, la actitud “desafiante” de los testigos, tan distinta de la que se suponía que debía tener un obrero frente a un tribunal).

Entierro de Rafael Ramos Barba

 

La calle Abrazamozas, símbolo de la represión en Olivares

Según el padrón de matrículas de 1935, los seis edificios habitados de la calle Abrazamozas (números 1, 2, 3, 5, 7 y 9) estaban poblados por nueve unidades familiares. Algunas de estas familias vivían en el barrio desde varias generaciones antes, mientras que otras acababan de trasladarse desde sus pueblos de origen en busca de trabajo.

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En el primer caso se encontraban dos zapateros, Antonino Cabañas Bernardino y su cuñado Antonio Higuera Vara. Antonino, nacido en 1888, estaba casado con Candelas de la Iglesia, y el matrimonio tenía seis hijos de edades comprendidas entre los 19 años de la mayor, Decorosa, y los cuatro del menor, Andrés, y vivían en el número 5.

La hermana menor de Antonino, Carmen Cabañas, estaba casada con otro zapatero, Antonio Higuera Vara, de 41 años, y ambos vivían en la casa contigua a la de los anteriores, con cuatro hijos de los que la mayor, Rosalía, tenía doce años y el menor, Gonzalo, dos. Un hermano de Antonino llamado Ignacio estuvo en 1932 entre los fundadores de la CNT en Zamora

También era oriundo de la capital el jornalero Ángel Corredera Fernández, de 54 años, que vivía con su esposa y con sus hijos Gerardo y Julio, de 22 y 16 años y de la misma profesión, en el único portal de los pares, el número 2 de la calle.

De Moraleja del Vino había venido Inés Gutiérrez Fernández, soltera, que vivía con sus dos hijos adolescentes, nacidos en Zamora. Otra familia monoparental la formaban el botero Manuel Carpintero Dueñas, viudo de 49 años, natural de Roales, y su hija Mercedes, de 18 años, también domiciliados en el número 5.

El albañil Alejandro Manso Vicente, de 58 años, natural de Toro, vivía con su esposa, dos hijas solteras, de 30 y 22 años, en el número 3. El cantero José María López García, natural de Villavieja de Yeltes (Salamanca), vivía en el número 1 con su esposa Ramona y sus seis hijos, de edades comprendidas entre los 21 y los seis años, de los que algunos habían nacido en el pueblo de origen de sus padres, otro en Molares y los menores ya en Zamora. Los varones, Desiderio, José Manuel y Julián, trabajaban como albañiles.

Los otros habitantes censados en la calle eran dos hermanos naturales de Villalcampo, Leandro Lorenzo Miguel, pastor de 50 años, y Juliana, viuda, que vivían en el número 7 con la esposa y el hijo del primero.

Entre el cierre del padrón de 1935 y el verano de 1936 se producen variaciones en la población de la calle, de forma que se incorporan no menos de otros tres habitantes: Inocencia Escribano García, de 44 años y profesión “sus labores”, domiciliada en el número 1, y en el portal contiguo, el albañil de 57 años Manuel Dueñas López y el botero Miguel Gómez Álvarez, de 48 años, casado y natural de Vezdemarbán.

 

 

Cronología de la represión en el barrio de Olivares

 

Las detenciones de afiliados y simpatizantes de organizaciones obreras se iniciaron en los días inmediatos a la toma del control de la ciudad por parte de los golpistas. Varios vecinos de Olivares se encuentran entre los detenidos que fueron trasladados a la cárcel del partido de Toro.

El 4 de agosto de 1936 fue asesinado Ángel Salvadores Franco, junto a otras personalidades odiadas por la derecha zamorana, como el maestro Valentín Ferrero o el alcalde de Aspariegos, Diego Ballesteros, en una de las primeras sacas de la cárcel provincial (para hacernos una idea de la prisa de los golpistas por acabar con ellos, este asesinato es anterior en dos días a los de Antonio Pertejo y Manuel Antón.

El 9 de agosto Tristán Maíllo Lagares desapareció tras ser sacado de la prisión provincial, supuestamente para su traslado a la cárcel de Bermillo. Su entierro no consta en el registro del cementerio de Zamora y su fallecimiento no sería inscrito hasta marzo de 1941, a instancias de su viuda, Brígida Crespo.

Tristán Maíllo 3

El 25 de agosto el falangista Juan Luis Rodríguez sacó de la cárcel de partido de Toro a Amador Villalpando Riego y Narciso Jordán Cubero, junto a otros dos detenidos, todos los cuales fueron “encontrados muertos”.

El 2 de septiembre fue asesinado Antonino Cabañas Bernardino. El día anterior, el Boletín de la Provincia y la prensa local habían publicado su destitución como empleado público, por orden del gobernador civil, junto a la del vicepresidente de los Jurados Mixtos, Manuel Calvo Alba, que también sería asesinado. Según la familia Cabañas, a Bernardino “lo mataron tres veces”, pues antes de ser asesinado había sufrido dos detenciones en el curso de las cuales sufrió brutales palizas.

El 8 de septiembre fue asesinado Isaac Antón González, tras ser sacado de la prisión provincial, supuestamente para su traslado a la cárcel de Bermillo.

El 17 de septiembre fue asesinado Trinidad Esteban Bailón, al que un consejo de guerra celebrado el 25 de agosto había condenado a 15 años de prisión por “auxilio a la rebelión”, acusado de participar en la distribución del Boletín de Información de las Sociedades Obreras por cuya elaboración fueron condenados Antonio Pertejo y Manuel Antón. Otros jóvenes acusados y asesinados por los mismos hechos fueron José Ferrero Miranda, Carmelo García Rueda, José Herrero Rodríguez y María Salgado Ferreras. Todos ellos fueron encausados, después de muertos, por la jurisdicción de Responsabilidades Políticas.

Consejo de guerra sentencia

El 18 de septiembre, Miguel Gómez Álvarez fue sacado de la cárcel de Toro en una gran saca realizada por fuerzas de Falange y de la Guardia Civil y Guardia de Asalto, de la que fueron víctimas un total de veintiocho detenidos, principalmente vecinos de Zamora y Morales de Toro.

El 21, Antonio Higuera Vara, fue sacado de la cárcel de Zamora con el pretexto de traslado a Bermillo y “encontrado muerto” en el cementerio de Zamora.

El 25 fueron asesinados los hermanos José Manuel y Julián López García y Evaristo Peláez Pérez, en una saca en la que murieron diecisiete detenidos.

El 29 de septiembre, Ignacio Barrios Pablo fue sacado de la cárcel de partido de Toro por el sargento Luis Varela, junto a otros diez detenidos, todos los cuales fueron asesinados.

El 30 de septiembre, Julio Corredera García fue sacado de la cárcel de Zamora con el pretexto de traslado a Bermillo y “encontrado muerto” en el cementerio de Zamora junto a otras trece personas.

Hermanos Corredera recorte

Los hermanos Corredera: Julio (asesinado), sentado y Gerardo (encarcelado) de pie.

El 9 de octubre fue asesinado Juan Manuel Villalpando Riego, en una saca de nueve detenidos, la mayoría procedentes de Muelas del Pan y Cerecinos del Carrizal.

El 15 de octubre, tras ser sacados de la cárcel, supuestamente con destino a Bermillo, fueron asesinados Manuel Baladrón Casado y su hijo Cándido Baladrón Maderal, en un grupo de nueve detenidos de Zamora, Villalba de la Lampreana y San Miguel del Valle, alguno de los cuales también llevaba el apellido Baladrón, no sabemos si por parentesco con ellos dos o por casualidad.

Al día siguiente murió Manuel Carpintero Dueñas en una saca de ocho detenidos.

Inocencia Escribano García, enterrada el 1 de diciembre en el cementerio de Zamora junto a otros seis detenidos, es la última vecina de Olivares de cuyo asesinato tenemos conocimiento.

En 1937 fue encarcelado Gerardo Corredera García, hermano mayor de Julio.

 

 

Balance de víctimas

Los asesinados en la calle Abrazamozas son:

  • Inocencia Escribano García, 44 años, sus labores (C/ Abrazamozas, 1), asesinada el 01/12/1936.
  • José Manuel López García, de 19 años, albañil, natural de Villavieja de Yeltes (Salamanca), (C/ Abrazamozas, 1), asesinado el 25/09/1936.
  • Julián López García, de 17 años, albañil, natural de Moleras del Pan (Salamanca), (C/ Abrazamozas, 1), asesinado el 25/09/1936.
  • Julio Corredera García, de 16 años, hijo de Ángel y Concepción (C/ Abrazamozas, 2), asesinado el 30/09/1936 (su hermano Gerardo, de 24 años, jornalero, domiciliado en Abrazamozas, 2, encarcelado en 1937).
  • Miguel Gómez Álvarez, 48 años, botero, casado, natural de Vezdemarbán (C/ Abrazamozas, 3), asesinado el 18/09/1936 en Toro.
  • Antonino Cabañas Bernardino, 47 años, zapatero y ordenanza de los Jurados Mixtos (c/ Abrazamozas, 5), casado y con 6 hijos, miembro del PSOE, asesinado el 02/09/1936 (también fue asesinado su primo Benito Cabañas Jambrina, presidente de la Sociedad de Carpinteros y tesorero del Comité Ejecutivo de la Federación Local de Sociedades Obreras, residente en la C/ de La Hiniesta).
  • Antonio Higuera Vara, de 41 años, casado y con 4 hijos, casado con Carmen Cabañas Bernardino, albañil (C/ Abrazamozas, 5 ), asesinado el 21/09/1936.
  • Manuel Carpintero Dueñas, 49 años según el padrón y 62 años según el censo electoral, viudo con una hija a su cargo, jornalero (c/ Abrazamozas, 5), asesinado el 16/10/1936.

Otros vecinos de Olivares:

  • Narciso Jordán Cubero, n. de Venialbo, jornalero de 25 años, casado con Donatila Almeida Morejón (C/ Trascastillo, 20), asesinado el 25/08/1936.
  • Ángel Salvadores Franco, electricista de 54 años, del PSOE, casado con Vicenta Leal, con un hijo (C/ Trascastillo, 4), asesinado el 04/08/1936 (también fue asesinado su primo Quirino Salvadores Crespo, concejal del Ayuntamiento de Zamora y diputado en las Cortes constituyentes, con domicilio en la C/ de las Damas).
  • Tristán Maíllo Lagares, natural de Jambrina, de 26 años, secretario de la Sociedad de Obreros Agrícolas de Zamora y vocal de los jurados Mixtos del Trabajo Rural, casado con Brígida Crespo Ramos (C/ Nueva de Olivares), asesinado el 09/08/1936.
  • Evaristo Peláez Pérez, encuadernador de 32 años, miembro de la Sociedad Deportiva Obrera (antes C/ Sol, 7 y antes C/ Nueva, 17), asesinado el 25/09/1936.
  • Ignacio Barrios Pablo, empleado de 24 ó 29 años, natural de Monfarracinos, de la JSU, casado con Guillermina Tascón Maderal (C/ Rodrigo Arias, 21), asesinado el 29/09/1936.
  • Trinidad Esteban Bailón, pintor de 17 años, hijo de José Esteban Salvador (¿y de Anita Bailón Domínguez?) (C/ Rodrigo Arias, 22), de la JSU, condenado a 15 años por “auxilio a la rebelión” y asesinado el 17/09/1936.
  • Amador Villalpando Riego, transportista de 26 años, natural de Moraleja del Vino, de la CNT (C/ Cabildo, 8), asesinado en Toro el 25/08/1936.
  • Juan Manuel Villalpando Riego, jornalero de 35 años, natural de Moraleja del Vino, de la CNT (C/ Aceñas, 23), asesinado en Zamora el 09/10/1936.
  • Manuel Baladrón Casado (C/ Aceñas, 21), jornalero de 56 años, casado con Inés Maderal, con dos hijos, asesinado el 15/10/1936 (supuesto traslado a Bermillo)
  • Cándido Baladrón Maderal (C/ Aceñas, 21), albañil de 23 años, hijo del anterior, asesinado el 15/10/1936 (supuesto traslado a Bermillo). Su hermano Alfonso, herrero de 25 años, detenido ya en 1934 tras enfrentamiento con falangistas.
  • Isaac Antón González, jornalero de 52 años, casado con Juana Herrero y con un hijo (C/ Aceñas, 12), asesinado en Zamora el 08/09/1936 (supuesto traslado a Bermillo).

 

Eduardo Martín González

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Entre abril de 1939 y 1944 hubo mas de 192.000 muertos en las cárceles y campos de concentración franquistas, contando sentencias a muerte y muertos por inanición, malos tratos y torturas. Los datos son del Ministerio de Justicia franquista y fueron publicados en 2006 por el ex-fiscal anticrrupción Carlos Jiménez Villarejo. No estamos por tanto ante un cuadro de desapariciones forzosas como se tiende a repetir de forma acrítica. Los más de 1200 muertos en las fosas comunes de Guadalajara —pongamos por caso— , entre presos fusilados y muertos en cárceles, fueron todos ellos objeto de procedimientos con pretensiones de legalidad y están identificados y localizada su sepultura. ¿hay, además, desaparecidos? Sí, pero son otros, más allá de éstos que señalamos, y cuya contabilización es mucho más compleja. En Guadalalara, valga como ejemplo, hay decenas de casos de soldados retornados de la guerra —y algunos de familias refugiadas— que fueron asesinados bárbaramente y arrojados sus cuerpos al campo en zonas rurales apartadas. Los trabajos de investigación para localizar sus nombres y probar los hechos siguen abiertos, sin que hayan sido nunca hasta el momento recogidos en relación oficial alguna. Debemos hacer un esfuerzo de precisión a la hora de tratar estos asuntos.

Esos 192.000 son solamente aquellos que fueron liquidados por el aparato «legal» franquista, los muertos en las cunetas son otros, los asesinados de urgencia o sobre el terreno, pero que no definen la verdadera naturaleza de la maquinaria de matar del franquismo. Desaparecidos son los muertos «por las buenas» a manos de los escuadrones de la muerte falangistas o carlistas en la retaguardia sublevada durante la guerra o los resistentes asesinados sobre el terreno por las tropas, guardias civiles o paramilitares que combatieron la guerrilla hasta los años 50; es decir, solamente una parte del cuadro.

Emplear el término desaparecido sin atender a la realidad de los hechos es un grave error. Se usó esta caracterización para poder facilitar su denuncia ante los tribunales actuales, pues la desaparición forzosa es delito continuado que no prescribe en tanto no aparezca el cuerpo o se pruebe su destino. Pero el verdadero problema se observa bien cuando reparamos en que los 192.000 asesinados por la dictadura tras la guerra lo fueron legalmente a juicio del estado español actual, algo de lo que pocos quieren hablar.

El franquismo no es cuestionado, se acepta su legalidad, sus sentencias y tribunales como fuente legítima de sanciones penales. Esos asesinados no lo fueron, tuvieron juicio y sentencia a manos de tribunales reconocidos por la legalidad española actual. Esta es la desgraciada clave de este asunto, que el franquismo es considerado legal a día de hoy y como criminales sus víctimas. Hablar de desaparecidos es ocultar el verdadero problema.

Quienes hablen de desapariciones forzosas y callen sobre la pervivencia de la consideración como legal de las leyes, sentencias y tribunales franquistas están contribuyendo a falsear el pasado y a apuntalar la impunidad del franquismo en el día de hoy.

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ANTE EL CAMBIO DE NOMBRE DE CASTRILLO MATAJUDIOS (Burgos) / Comunicado del Foro por la Memoria Castilla y León

Comunicado del Foro por la Memoria Castilla y León

ANTE EL CAMBIO DE NOMBRE DE CASTRILLO MATAJUDIOS (Burgos)

Foro por la Memoria de Castilla y León es una organización miembro de la Federación Estatal de Foros. Para nosotros la  lucha por la Verdad, la Justicia y la Reparación no es una frase vacía, sino un compromiso moral.

Desde el Foro por la Memoria de Castilla y León aplaudimos el cambio de nombre del pueblo burgalés de Castrillo Matajudíos, que pasa a denominarse Castrillo Mota de Judios, fruto de la decisión de sus vecinos tras un referendum, El nombre Matajudíos fue posiblemente fruto de un error de transcripción que se ha perpetuado años y años, pero el caso es que que voluntaria o involuntariamente traía resonancias de un pasado lejano de intolerancia.
Saludamos el cambio de nombre como una excelente noticia, y felicitamos a los vecinos por demostrar su sensibilidad ante un nombre que proyectaba una mala imagen al exterior. Algo ajeno sin duda a la realidad de este simpático pueblo burgalés.
Queremos no obstante, recordar a los grandes olvidados de esa misma intolerancia en un pasado más reciente. Creemos que es necesario recordar que la misma intolerancia que llevó en España a expulsar judios en un pasado remoto, la misma que los condenó al genocidio en la segunda guerra mundial, también llevó a miles de españoles a la deportación nazi. Concretamente, 52 burgaleses fueron deportados a los campos nazis de Gusen y Mauthausen y 30 de ellos perdieron la vida víctimas de esa misma perfidia.

Preso republicano maltratado por un nazi de la Leon Condor en un campo de concentración de Valladolid. Foto: Colección Paco de Jerez

Preso republicano maltratado por un nazi de la Leon Condor en un campo de concentración de Valladolid. Foto: Colección Paco de Jerez

También es necesario recordar que esa barbarie nazi habitó entre nosotros, y no de forma metafórica, sino real. Concretamente el nazi Paul Winzer fue en 1937 jefe del Campo de Concentración de Miranda de Ebro (Burgos), donde decenas de miles de presos antifascistas sufrieron todo tipo de penalidades. En la actualidad, una placa les recuerda, pero no es institucional ni fue inaugurada por ninguna autoridad de modo oficial.

Celebramos que la Embajada de Israel acuda a celebrar el nuevo nombre de Castrillo, y es por ello que:
Pedimos un homenaje y reconocimiento público y expreso de las victimas burgalesas de la deportación a los campos nazis por parte de las autoridades provinciales, locales y diplomáticas israelies y especialmente a la Junta de Castilla y León.
Pedimos a estas mismas autoridades una condena expresa del régimen de Franco, cuya complicidad en la deportación de españoles a Mauthausen está más que demostrada.
La retirada inmediata y pública de todos los honores concedidos por las corporaciones municipales a personas representativas de la dictadura, así como a quienes ejercieron cargos públicos durante todo ese período.
Invitamos cordialmente a las autoridades del pueblo de Castrillo Mota de Judios a que hagan honor a su condición de “Pueblo Ejemplar” y aprovechen la próxima visita del embajador de Israel para homenajear a los quince vecinos de ese pueblo que fueron represaliados por el franquismo, Concretamente a los vecinos:

DOMICIANO BREZO ORBANEJA, 35 años, Pastor; TEODORO CALLEJA BERMEJO, 33 años, labrador; JULIAN CALLEJA CALDERÓN, 24 años, jornalero; JUAN CALLEJA CALLEJA, 48 años, jornalero; BONIFACIO CALLEJA, 21 años, labrador; GENADIO DIEZ GONZÁLEZ, 48 jornalero; QUINCIANO DIEZ TOLEDANO, 22 años, labrador; VALENTIN DIEZ TOLEDANO, 19 años, labrador; FELICIANO GARCÍA REGUERO, 41 años, obrero; GONZALO HIERRO ESCRIBANO, 33 años, labrador; HONORIO HIERRO ESCRIBANO, 28 años, labrador; PEDRO RODRIGUEZ GONZALEZ; CONSTANTINO RODRÍGUEZ TOLEDANO; GABRIEL RODRIGUEZ TOLEDANO y a VIRGILIO SANTAMARÍA SANZO, Maestro Depurado.

Para que sean homenajeados institucionalmente como defensores de la libertad y lo sean en nombre de los valores democráticos, que son la base de nuestra convivencia.

Llamamos a todas las fuerzas políticas y sociales de Burgos a converger en un homenaje a las víctimas burgalesas del fascismo. Nos preguntamos desde esta asociación si por fin entre las autoridades burgalesas , españolas e israelies, existe algún “justo” que sea capaz de dar este paso en pos de la verdad, la justicia y la reparación de las victimas del fascismo y del nazismo en España.
Foro por la Memoria de Castilla y León.
23 de junio de 2015

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Orosia Castán: ¿Qué es la memoria histórica? Memoria y República contra la impunidad

¿Qué es y qué significa en España la memoria histórica antifascista? Un grave problema para un estado basado en la más miserable de la las impuridades y el olvido y desprecio de las víctimas. Siempre hubo memoria pues quien ha visto matar a su familia difícilmente lo habrá podido olvidar. En España hemos tenido impunidad y represión y la monarquía y el estado democrático se han construido sobre esa impunidad e intentando con todas sus fuerzas reducir el recuerdo de la matanza fundacional del franquismo y las víctimas de la represión a un problema familiar y afectivo. Es preciso afrontar de cara el hecho de que en España sentencias y tribunales franquistas son legales y no han sido anuladas.

En esta conferencia dada en el Ateneo de Madrid, Orosia Castán deja las cosas muy claras sobre qué es y que representa la Memoria Histórica. A destacar que no hay dirigente político alguno en la izquierda española —ni en IU ni en Podemos, ni en prácticamente ninguna fuerza— que acepte un debate público sobre este tema. Orosia Castán expone la posición de claridad y ruptura que la verdad y la justicia exigen. Sus palabras son un reto a todas las direcciones políticas de los fuerzas de izquierda y sostienen el sentimiento y los deseos de todos cuantos no han renunciado ni a la justicia ni a la República.

Orosia Castán representa la dignidad de la lucha antifascista y por la memoria. Su trabajo como investigadora de la resistencia republicana y de la represión franquista en Valladolid es ejemplar y sin concesiones; en una España y en una provincia donde afirmar la verdad y exigir justicia es un acto heroico, Orosia Castán ha hecho de ello una norma moral y de conducta. En la actualidad forma parte del colectivo Verdad y Justicia de Valladolid y del Foro por la Memoria de Castilla y León. Su posición es firme y clara «no hay democracia alguna mientras permanezca la impunidad y el franquismo en la forma de sus tribunales y sentencias siga siendo legal y reconocido. La lucha por la República es irrenunciable».

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La ruptura del régimen del 78 e IU / José María Pedreño

La ruptura del régimen del 78 e IU / José María Pedreño

Para poder entender lo que está ocurriendo en la política española se hace necesario realizar un análisis de los contextos histórico e internacional.

Cuando hablamos de “nuevo orden mundial imperial” no hablamos sólo de la invasión de Irak o de Afganistán, sino de la implantación de un modelo económico, político, cultural y social diseñado para que los grandes poderes económicos sigan acumulando beneficios. El “nuevo orden mundial imperial” nos lo están imponiendo, en unos casos, utilizando la democracia representativa, revoluciones naranjas y, en otros muchos casos, la guerra. Se trata pues del sometimiento de todo y de todos al poder económico, es decir, a lo que llaman “mercados” y muchos hemos llamado siempre capitalismo. Y el capitalismo no está basado en la creación de riqueza, sino en la acumulación de riqueza a través de la especulación, la explotación y el expolio. Basta leer los informes del PNUD (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo) de los últimos años para darnos cuenta de que, en las últimas décadas, se ha reducido drásticamente el tejido productivo mundial, siendo sustituido por la especulación. Para facilitar esta tarea, el capitalismo, siguiendo tesis neoliberales, potenció la sustitución del patrón oro, por el patrón monetario. Por eso las políticas económicas diseñadas por los gobiernos no son de carácter productivo, sino de carácter monetarista y especulativo.

Las resistencias tienen múltiples variantes ideológicas y toma distintas formas de ejercerse. En unos casos es la lucha armada, como está sucediendo en estos momentos en el este de Ucrania –aprovechada por Putin para fortalecer los intereses geoestratégicos de Rusia-, o bien formas pacíficas, como está sucediendo en estos momentos en España. Por ejemplo, si analizamos el auge del independentismo del pueblo catalán, en estos momentos no sólo tiene que ver con su identidad cultural e histórica, sino que también se identifica el centralismo de la oligarquía española con el “nuevo orden mundial imperial”. Las palabras de David Fernández, diputado de la CUP son muy expresivas en este sentido: … o es la hora de los pueblos o será la de los mercados…”. El nacimiento y crecimiento de Podemos es otro ejemplo de resistencia democrática al “nuevo orden mundial imperial”.

Pero el caso es que ese “nuevo orden mundial imperial” se identifica también con el régimen del 78, o más bien el régimen del 78 está claramente identificado con el “nuevo orden mundial”, en especial los partidos del régimen. Esto afecta enormemente a IU que está viviendo en su seno una gran contradicción: asumir que la “ruptura” es posible, porque la correlación de fuerzas en este momento es favorable al gran cambio o la defensa del régimen de la transición. Mientras que amplios sectores de la organización defendemos la ruptura con ese régimen, una buena parte de la misma sigue asentada en su defensa, en especial por parte de compañeros y compañeras que ostentan o han ostentado cargos públicos remunerados y que han hecho de la política institucional su medio de vida. Y es en ese sector, apegado al régimen del 78, en el que algunas compañeras y compañeros, cuando han participado en las instituciones del régimen, en vez de enfrentarse con los poderes reales, se han dejado llevar por las tendencias del momento y han privatizado servicios públicos en las ciudades donde IU ha gobernado o cogobernado con otras fuerzas políticas, han actuado en los consejos de administración de empresas públicas y cajas de ahorro como si fueran miembros de la alta burguesía y han secuestrado la organización en federaciones donde el número de votos ha permitido tener una gran presencia en las instituciones, copando los órganos de dirección, utilizando el clientelismo político para garantizar su mayoría en las asambleas. Esa forma de actuar no difiere de la del resto de partidos del régimen y, por eso, en muchos casos se identifica a IU como un partido de la “casta”, sin tener en cuenta que la inmensa mayoría de los y las militantes de IU y sus cargos públicos no tienen nada que ver con esas prácticas.

Si tuviéramos que hacer un resumen del comportamiento de muchos de los dirigentes de IU en lo últimos 30 años sería el siguiente:

En vez de fomentar la rebeldía y el espíritu de lucha han tratado en todo momento de encauzar las cosas hacía el terreno de la negociación cupular con el pretexto de preservar el aparato orgánico.

Tienen una tendencia a ocupar pasivamente las instituciones existentes, sin luchar por modificarlas.

Han caído en las prácticas políticas tradicionales, siendo incapaces de desarrollar prácticas nuevas.

Han preferido el ambiente burocrático del aparato al trabajo de base.

Han usado el partido como trampolín para su ascenso personal.

No han respetado la autonomía de las organizaciones populares.

Han practicado el hegemonismo en vez de buscar la hegemonía. El hegemonismo es lo opuesto a la hegemonía. La hegemonía no tiene que ver con pretender imponer la dirección desde arriba, acaparando cargos e instrumentalizando a los demás, eso es lo más desmovilizador que existe. No se trata de instrumentalizar, sino, por el contrario, de sumar a todos los que estén convencidos y atraídos por el proyecto que se pretende realizar. Y sólo se suma si se respeta a los demás. El grado de hegemonía no puede medirse por la cantidad de cargos que se logren conquistar Se trata de ganar la conciencia de la gente no de acaparar cargos.

Han cometido durante años el error de pretender conducir los movimientos de masas desde arriba, por órdenes. No han entendido que la participación popular no es algo que se pueda decretar desde arriba. Sólo si se parte de las motivaciones de la gente, sólo si se le hace descubrir a ella misma la necesidad de realizar determinadas tareas, sólo si se gana su conciencia y su corazón, estas personas estarán dispuestas a comprometerse plenamente con las acciones que emprendan.

Se han perpetuado en el debate estéril y el tacticismo cupular olvidando el trabajo sobre lo concreto, menospreciando al mismo tiempo a los militantes que realizan trabajo de base pegados al terreno, considerando que cualquier movimiento en la base debería estar subordinado a sus intereses.
Muchos entendemos que la correlación de fuerzas –o de debilidades, como dice Juan Carlos Monedero en Público parafraseando a Manuel Vázquez Montalbán- dio como resultado la imperfecta democracia actual. No es de extrañar que, en estos momentos, en que Podemos aparece en muchas encuestas como primera fuerza política, traído por la crisis del régimen del 78, muchas y muchos compañeros de IU se hayan marchado a esa formación y que en IU aparezcan dos proyectos distintos: el antiguo, asentado en los llamados “logros de la transición” y el actual que cuestiona la transición y las formas orgánicas derivadas de la misma que son las que han propiciado que militantes de IU se vean involucrados en casos como el de las “tarjetas black”.

Estamos asistiendo a la destrucción del poco desarrollado estado social que tenemos y que tanta lucha y tanta sangre ha costado construir y, para poder hacerlo, las élites necesitan destruir o degradar el estado derecho, poniendo en peligro y destruyendo si lo consideran necesario la propia democracia representativa. Dada está situación en la que los ciudadanos y ciudadanas vemos día a día como no sólo nos quitan derechos sociales y económicos y son criminalizadas nuestras resistencias, entendemos que la única forma de defender la democracia es con más democracia. Por eso, la resistencia toma formas de democracia radical y participativa.

IU no debe temer formas orgánicas como GANEMOS y que nuestros candidatos se sometan a elecciones primarias en las que participen otras personas a título individual u organizaciones, independientemente de si son coaliciones o son agrupaciones de electores. Hay que recordar que los militantes del PCE estamos a titulo individual en IU y el PCE no ha desaparecido por ello. Entonces ¿por qué se tiene miedo a que los militantes de IU estén a título individual en este tipo de agrupaciones electorales? ¿No será realmente porque aquellos y aquellas que llevan años viviendo de la política tienen miedo a perder lo que consideran su puesto de trabajo?

En estos momentos es prioritario derrotar al régimen del 78 en todos los ámbitos institucionales y quien piense que IU lo va a hacer sola y que bastan acuerdos cupulares con otras formaciones para acumular fuerzas está olvidando que esta ya no es la época en la que el secretario general del Partido lo sabía todo y todos asumíamos sus planteamientos. Hoy el desarrollo de las comunicaciones e Internet permite que todos tengamos tantos o más conocimiento que nuestros dirigentes y cargos públicos. El socialismo del siglo XXI, la democracia participativa, se abre camino a pasos agigantados y los militantes de IU, y en especial los comunistas, debemos ser más pueblo que nunca. Eso no significa perder nuestras señas de identidad, sino ser capaces de dirigir desde la base con el ejemplo y la generosidad de que siempre hemos hecho gala.

No obstante, y para finalizar, al hablar del fin del régimen del 78, de defensa de la democracia y de los derechos sociales que estamos perdiendo, estamos hablando de memoria. El interés de la “casta” es que se cree una comisión de la verdad, para cambiar verdad por impunidad, lo que no acabaría con la impunidad del franquismo, base sobre la que se sustenta el régimen del 78, y que se siga juzgando el franquismo en Argentina. Se trata de acabar con la impunidad sobre la que se asienta el régimen del 78 en España, no de cambiar verdad por impunidad o acabar con la impunidad del franquismo en Argentina. Para ello nada mejor que seguir la hoja de ruta trazada por la ONU, basada en el derecho penal internacional. Pero hay algo más, cuando hablamos de memoria debemos añadir el epíteto de democrática y defender la democracia en estos momentos implica defender la memoria de la II República y de los hombres y mujeres que la defendieron, del movimiento obrero organizado que conquistó derechos sociales y económicos para todos y de la lucha contra el fascismo. No podemos hablar de verdadera democracia sin tener en cuenta esa memoria.

José María Pedreño
Presidente de la Federación Estatal de Foros por la Memoria
Militante del PCE

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Amparo Barayón Miguel (Zamora, 1904-1936)

Amparo Barayón

  1. Los hermanos Barayón

Amparo Barayón nació el 8 de mayo de 1904 en el seno de una familia de clase media baja, domiciliada en la calle Ramón Álvarez. Fue la segunda hija de Antonio Barayón Azcona e Isabel Miguel Vaquero. Para él era su segundo matrimonio, pues antes había enviudado de María Hernández, madre de sus hijos Saturnino, Magdalena y Casimira. Con Isabel (que fallecería en 1909) tuvo, además de Amparo, a Natividad (1902), Eugenia (1905) y Antonio (1907). La familia tenía una fábrica de hielo y gaseosas en la calle de la Reina, y el padre había fundado en torno a 1902 el Café Iberia, que se convertiría en un lugar de reunión de artistas e intelectuales.

Los Barayón tenían una arraigada tradición progresista, en contra de la imagen “de derechas de toda la vida” con la que algunas fuentes han pretendido despolitizar la represión desencadenada contra ellos. El padre, Antonio, era miembro de la agrupación republicana de Zamora, por la que fue candidato a concejal en las elecciones de 1903, 1905 y 1917. Fue juez municipal adjunto (1907) y perteneció a la junta directiva del Círculo Mercantil, Industrial y Agrícola, con la que participó en la campaña de 1911 contra el impuesto de consumos.

El hijo mayor, Saturnino Barayón Hernández (1892-1936), que regentó el café tras la muerte del padre en 1918, asumió también las ideas republicanas, y en las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 fue elegido concejal en representación del Partido Republicano Radical. Poco después se integró en el Partido Republicano Radical-Socialista (del que fue tesorero) y, tras la disolución de este partido, formó parte del núcleo fundador de Izquierda Republicana, cuya agrupación local presidió hasta mayo de 1936 y representó en el comité del Frente Popular, junto a Higinio Merino de la Monja (que sería asesinado junto a él). Tras las elecciones generales de febrero de 1936, fue nombrado diputado provincial. En abril de ese año aspiró a la designación para la candidatura a compromisarios en la elección del presidente de la República, si bien finalmente el puesto correspondiente a su partido dentro de la coalición del Frente Popular fue asignado a Gonzalo Alonso Salvador (que sería asesinado en agosto de 1936).

El hijo menor, Antonio Barayón Miguel (1907-1936), técnico industrial, se asoció en 1935 con Antonio Abad San Román (miembro del comité provincial del PSOE, que sería asesinado en noviembre de 1936) y José Alonso para fundar la empresa de suministros e instalaciones eléctricas Dina, con sede en la calle de la Reina, y perteneció al partido socialista aunque no desempeñó ningún cargo público.

El progresismo del padre y del hijo mayor debe matizarse, en el marco de las coordenadas moderadas y posibilistas del republicanismo pequeñoburgués de la Restauración, con atención a las obligaciones cívicas derivadas de su posición como industriales en una sociedad urbana tradicional, por lo que colaboraban en iniciativas filantrópicas (suscripciones para la Cocina Económica, para las Casas Baratas o para los heridos de la guerra de Marruecos) y en comisiones de festejos, pero también en otras supuestamente dinamizadoras de la economía local, como la adquisición de terrenos para el Cuartel Viriato.

En algunos comportamientos de Saturnino, aparecen disociados sus intereses particulares y su concepción del interés público. Aunque en su condición de comerciante -desde 1933, era vocal patronal en el Jurado Mixto de hostelería- manifestara su desacuerdo con la imposición de recargos a la contribución industrial, en el pleno municipal del 7 de julio de 1936 secundó el establecimiento de la décima del paro. En 1932 votó contra la financiación pública de corridas de toros, a pesar de que su padre había patrocinado festejos taurinos, y aunque el propio Saturnino contribuyó en 1923 a la instalación de un monumento a fray Diego de Deza, en 1936 apoyó la sustitución del nombre del gran inquisidor por el de Aída Lafuente en una plaza de la ciudad. Sostuvo una actitud inequívocamente laica, aunque dentro de unos límites discretos, y en alguna ocasión logró que la prensa católica desmintiera los exabruptos anticlericales que le había atribuido.

En octubre de 1934 formó parte de la comisión de concejales que felicitó al gobernador civil por la represión de la huelga general revolucionaria, y a diferencia de otros cargos públicos (y de algunos compañeros de partido), no fue destituido ni sufrió ninguna represalia, todo lo cual resulta aparentemente contradictorio con el aval que había prestado a los candidatos del PCE para las elecciones generales de 1933. Sin embargo, tras la victoria del Frente Popular en febrero de 1936, respaldó (el 16 de julio) la anulación de los acuerdos y nombramientos de la comisión que había gestionado el Ayuntamiento desde la destitución de los concejales de izquierdas y propuso la apertura de expediente a todos los funcionarios no republicanos.

Por su parte, las hermanas Barayón recibieron una educación esmerada, lo que incluía, como era habitual en las hijas de familias de la burguesía, una formación religiosa que llevó a Amparo a actuar como catequista en la parroquia de San Juan y a colaborar en la adquisición de la corona para la imagen de la Soledad, a Casimira a participar en la refundación de la Cofradía de las Angustias, y a Natividad a profesar en la orden de San Juan de Jerusalén. Tanto Casimira, que estudió en Francia -donde vivía su tía, Manuela Barayón Azcona, fallecida en 1914- y cursó estudios de magisterio, como Amparo, que alcanzó un nivel avanzado en su formación musical, impartieron clases particulares, la primera de francés y la segunda de piano, lo que las puso en contacto con familias de la clase dirigente de la ciudad: Casimira tuvo entre sus alumnos a los hijos del teniente coronel Hernández Comes, que como protagonista del golpe militar y de la represión entre julio de 1936 y febrero de 1937 tendría un papel decisivo en la suerte de sus hermanos.

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  1. Amparo Barayón entre Zamora y Madrid

Amparo tuvo desde muy joven una presencia destacada en el ambiente cultural de la ciudad, a través de sus recitales de piano (en 1922 actuó en el Nuevo Teatro de Zamora, y en 1927 en Unión Radio de Salamanca) y de su participación en asociaciones culturales. El 7 de diciembre de 1922 intervino, como miembro de la comisión organizadora, junto a José Arregui y Dámaso Eguarás, en la constitución de la Asociación Musical de Zamora, y fue miembro fundador de la Sociedad Filarmónica, creada en 1930 y que inició sus actividades en enero de 1931. Colaboró en la revista Juventud, de vida efímera -dejó de publicarse en 1923 y no se conserva ninguna colección en instituciones públicas- y, al parecer, publicó críticas teatrales bajo seudónimo en el Heraldo de Zamora. Junto a César Fernández Díaz formó la comisión que, que en abril de 1923 promovió (sin éxito) la constitución del Ateneo de Zamora, según el modelo del Ateneo de Madrid. Si desde el final de su adolescencia había sido objeto de requiebros galantes de los gacetilleros del Correo y del Heraldo de Zamora por su belleza singular y personalidad extrovertida, con el tiempo fue siendo valorada por otras cualidades: “bella y simpatiquísima señorita zamorana (…) Eva moderna y valiente por su ideología y cultura, no sólo musical sino literaria” (Heraldo de Zamora, 01/12/1927). Lamentablemente, estas cabeceras tardarían pocos años en abominar del modelo femenino encarnado por Amparo y en amparar llamamientos a un exterminio que se llevaría por delante vidas como la suya.

Obtuvo empleo en Telefónica, si bien, según su hijo, “la idea de una mujer trabajando en ventas era algo poco común en la provinciana Zamora y escandalizaba a la gente mayor”. Meses antes del cambio de régimen, obtuvo el traslado a Madrid, donde siguió trabajando en la empresa y se vinculó a la CNT. En 1931 perdió su empleo, según su hijo por su participación en una huelga. Posteriormente trabajó en el Ministerio de Agricultura, si bien al mismo tiempo impartió clases de piano y dio recitales con otro joven músico zamorano, el violinista Antonio Arias Gago. En Madrid conoció a Ramón J. Sénder, con el que se casó en ceremonia civil y tuvo dos hijos, Ramón, nacido en 1934, y Andrea, en 1936. Durante su convivencia, Sénder, que ya se había convertido en un periodista y novelista de prestigio, alcanzó su consagración con el Premio Nacional de Literatura de 1935 por Mr. Witt en el Cantón.

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  1. Detención y muerte

En el momento de producirse el alzamiento militar, el matrimonio Sénder-Barayón, con sus dos hijos y una niñera, veraneaba en San Rafael (Segovia), que tardaría pocos días en ser ocupada por los sublevados. Antes de la ocupación del pueblo, Sénder pasó hacia Madrid por la sierra, no sin antes pedir a su esposa que se fuera con los niños a Zamora, donde “nunca pasa nada”. Al llegar a su ciudad natal, Amparo se encontró con que sus hermanos Saturnino y Antonio habían sido detenidos para ser trasladados a la cárcel de Toro (el primero el 26 de julio y el segundo el 14 de agosto). Amparo trató de conseguir un pasaporte para trasladarse a Portugal y, desde allí, reunirse con su marido, que entretanto se había incorporado a las fuerzas defensoras de la República (donde llegaría a ocupar un puesto en el estado mayor de Líster). Estas gestiones, unidas a los intentos de entablar contacto telefónico con él, generaron sospechas en las autoridades golpistas, que la detuvieron el 3 de agosto, aunque al día siguiente fue puesta en libertad.

El 28 de agosto, Antonio Barayón e Isidoro Ramos Páez (maestro de Ufones) fueron entregados al falangista Juan Luis Rodríguez, oficialmente para ser “conducidos a Zamora”, pero ambos fueron asesinados esa misma noche en el término de Toro. Según las versiones recogidas por su hijo, Amparo conoció la noticia pocas horas después y, con motivo de unas gestiones en el Gobierno Civil, increpó al gobernador Raimundo Hernández Comes, responsable de las órdenes de traslado que en realidad constituían órdenes de ejecución extrajudicial. Fuera éste el motivo real o sólo el desencadenante, Amparo fue detenida y trasladada a la prisión provincial el día 29.

Tres semanas después, el 18 de septiembre, su hermano Saturnino fue “entregado a la fuerza pública”, junto a otros 27 detenidos, oficialmente para ser “conducidos a Zamora”, y en realidad en una auténtica caravana de la muerte conducida por fuerzas de Falange, de la Guardia Civil e incluso de la Guardia de Asalto, que tenía como destino el despoblado de Tejadillo, en el kilómetro 37 de la carretera de Tordesillas a Zamora, donde todos ellos fueron asesinados a las 11 de la noche, al parecer como represalia por el fusilamiento en San Sebastián del militar zamorano Félix Fernández Prieto, que había protagonizado la fallida intentona golpista en la capital guipuzcoana. Las autoridades certificaron, igual que en el caso de Antonio, que “murió a consecuencia de disparo por la fuerza pública cuando huía yendo conducido”.

Entretanto, Amparo permanecía encarcelada junto a su hija Andrea, de pocos meses, a la que aún amamantaba. Las condiciones en la sección de mujeres de la prisión de Zamora eran especialmente atroces, tal y como puso de manifiesto, en 1937, el testimonio escrito de Pilar Fidalgo, compañera de cautiverio de Amparo, recientemente publicado en este blog: el hacinamiento, la falta de atención médica a mujeres embarazadas o con hijos lactantes, los malos tratos y abusos sexuales y el terror psicológico generado por las sacas y las ejecuciones configuran un cuadro difícil de paliar, por mucho que sus límites hayan sido objeto de una polémica más que lamentable. Según los testimonios recogidos por su hijo, durante los dos meses y medio de su encarcelamiento, Amparo no recibió visitas ni atenciones de su familia, a diferencia de otros muchos detenidos. De este abandono culpó al esposo de Casimira, Miguel Sevilla Cabrero, sastre de eclesiásticos y militante tradicionalista que había sido candidato de la derecha católica en las elecciones municipales de 1931 (en las que no resultó elegido, a diferencia de Saturnino) y que se convirtió en el cabeza de la familia Barayón tras el encarcelamiento de Saturnino y Antonio.

El 10 de octubre de 1936 Andrea Sénder Barayón fue separada a su madre y trasladada al hospicio. Al día siguiente Amparo fue entregada a un grupo de falangistas dirigidos por Martín Mariscal, con el supuesto destino de Bermillo de Sayago, y en realidad para ser asesinada en el cementerio de Zamora junto con otras dos mujeres, Juliana Luis García y Antonia Blanco Luis, vecinas de Zamora. Al parecer, se le habían ofrecido auxilios espirituales antes de su asesinato pero el sacerdote le negó la absolución. Pocos años más tarde, sus restos fueron recuperados de la fosa común y trasladados al panteón de la familia de su hermana Magdalena, mientras que los restos de Antonio y Saturnino permanecen aún en paradero desconocido.

Los tres hermanos Barayón fueron sometidos, tras su asesinato, a expedientes incoados por la Comisión Provincial de Incautación de Bienes, que después pasaron a la jurisdicción de Responsabilidades Políticas. Como prueba de la importancia que los golpistas le atribuían, Amparo fue incluida en el expediente número 1 de la provincia, junto a otras 22 personas, casi todas las cuales habían sido asesinadas, y entre las que había personalidades tan destacadas como el presidente de la Diputación, Gonzalo Alonso Salvador, el diputado en Cortes Antonio Moreno Jover o Antonio Pertejo y Felipe Anciones, cuyas biografías se ha publicado ya en este blog. Durante la tramitación del procedimiento de Responsabilidades Políticas, Amparo Barayón fue objeto de informes por parte de las autoridades de Zamora: el teniente coronel Raimundo Hernández Comes, que durante su mandato como gobernador civil había firmado las órdenes de traslado y ejecución de los tres hermanos, justificó su muerte informando en 1937 que Amparo estaba “conceptuada como espía”; el comisario jefe de Investigación y Vigilancia, Manuel Flórez, informó que “dicha individua estaba considerada como comunista peligrosa” y que “según manifestaciones de una de las sirvientas, el matrimonio siempre estaba hablando del comunismo”. Finalmente, su expediente fue sobreseído en 1943.

Por su parte, Antonio y Saturnino fueron incluidos en el expediente número 3. Antonio fue acusado de ser presidente local del Socorro Rojo Internacional, “institución cuya expansión procuraba, por los medios a su alcance, lo mismo que la propaganda comunista, mediante folletos impresos y cartas”, acusación que probablemente no tuviera otro fundamento que sus contribuciones (acreditadas en listas publicadas por la prensa) en colectas a favor de los presos políticos. En 1941, Antonio fue condenado a una multa de 50.000 pesetas y Saturnino a una de 30.000, si bien su hermana Natividad (Sor María de la Natividad del Niño Jesús) interpuso recurso de revisión, en nombre propio y de sus hermanos supervivientes, alegando que “sus hermanos arrastrados por falsos profetas ya pagaron su culpa con la máxima pena” y “que se han embargado bienes que no eran sólo de los expedientados sino también de los recurrentes y de otros hermanos”, ya que los bienes de Saturnino y Antonio, que fallecieron solteros, correspondían al caudal hereditario común. El recurso fue estimado por la Sala de Revisiones del Tribunal Nacional de Responsabilidades Políticas en sentencia absolutoria de 5 de julio de 1943.

Las represalias contra la familia Barayón no terminaron aquí. Su sobrina Magdalena Maes Barayón, nacida en 1925, afirma no haber podido cursar estudios universitarios por su parentesco con tres víctimas de la represión, y lo cierto es que, pese a haber sido colaboradora del diario falangista Imperio (que en 1944 llegó a presentarla como “la periodista más joven del mundo”), en 1947 fue detenida bajo la acusación de pertenecer a un comité femenino del PCE.

  1. El “caso Barayón” hasta 1989

En 1937 se publicó en el diario El Socialista y en sendos folletos publicados en Francia y Gran Bretaña el testimonio de una compañera de cautiverio, Pilar Fidalgo, en el que se hacía referencia a la muerte de Amparo y a las condiciones de vida durante aquellos meses en la cárcel provincial de Zamora.

Tras muchos años de silencio y olvido, a los que no fue ajena la actitud del propio Ramón J. Sénder, muy parco en explicaciones sobre las circunstancias de la muerte de su esposa -a la que sólo dedicó unas crípticas referencias en Los cinco libros de Ariadna– y de su propio hermano (Manuel Sénder, asesinado en Huesca el 13 de agosto de 1936), fue su hijo, el músico Ramón Sénder Barayón (Ray Sender Morningstar), criado en los Estados Unidos, quien decidió, poco antes de la muerte de su padre en 1982, reconstruir la historia de Amparo.

Sénder Barayón inició su investigación por medio de contactos con su familia y de llamamientos públicos a través de cartas abiertas en el diario El País. Estas gestiones dieron lugar a la primera polémica, cuando el veterano socialista zamorano Román de la Higuera –prefigurando los elogios que a nuestra extraordinaria Transición harían algunos informantes locales de Muerte en Zamora– se dirigió públicamente a Ray (El País, 03/03/1982) para prevenirle ante las “incalculables y desastrosas consecuencias” que podrían tener sus hallazgos: “cuando su padre (…) prefiere el tupido velo del silencio, demuestra una vez más su portentoso talento, y lo mejor que usted debiera hacer en estos momentos sería acarar tal deseo, dejándolo transcurrir por el apasionante y lento trayecto histórico, quien en última instancia resolverá con el tiempo la compleja, complicada y comprometida maraña de una época que por reciente no resulta aconsejable clarificar” [sic; juro por lo más sagrado que este párrafo es literal y no pertenece a una novela de Isaac Rosa].

A pesar de estas perspectivas poco halagüeñas, de su escaso dominio del español, de la imposibilidad de acceder a fuentes de archivo y de la falta de contactos en Zamora, Sénder llevó a cabo su investigación basándose casi exclusivamente en testimonios orales –de una parte de la familia y de un puñado de intelectuales locales bienintencionados pero con poca información útil que aportar-, lo que dio lugar a un relato coherente aunque con informaciones imprecisas y, en algún caso, gravemente erróneas. Dos de sus fuentes principales fueron los testimonios de dos compañeras de reclusión de Amparo: uno, escrito, de Pilar Fidalgo –que ya hemos publicado en este blog- y el otro, sus entrevistas con otra reclusa (casi adolescente en 1936), Palmira Sanjuán, cuya biografía publicaremos próximamente. El resultado fue A Death in Zamora, un libro editado en 1989 por la Universidad de Nuevo México, cuya traducción española –realizada por Mercedes Esteban-Maes Kemp (sobrina nieta de Amparo Barayón)- fue publicada el año siguiente por Plaza y Janés bajo el título de Muerte en Zamora, y la alemana por Kirchheim en el año 2000.

La edición original fue reseñada en el New York Times, por William Herrick, quien señalaba que “no es un libro bien organizado, llegando a veces a ser confuso. Cuáles de sus conclusiones están probadas y cuáles son conjeturas, no está siempre claro. Pero es el documento conmovedor de un hijo que finalmente descubre cómo era su madre: una mujer adorable, independiente, que vivió con pasión y fue a morir por estar casada con un escritor revolucionario”. Menos crítica se mostró la hispanista británica Helen Graham, que valoró el libro como un “una interpretación en microcosmos de casi todo lo que podemos aspirar a saber de la Guerra civil española, como Guerra civil, de sus complejas causas sociales y culturales y de sus tremendos costes y prolongadas consecuencias de paz incivil”, y asumió la figura de Amparo Barayón como paradigma de la condición femenina bajo la República, interpretando que no fue asesinada en el lugar de su marido sino por derecho propio, por ser una mujer moderna cuya liberación “inspiraba horror entre los pilares de la sociedad provinciana y entre los miembros conservadores de su propia familia”. En definitiva, y pese a sus limitaciones metodológicas, Muerte en Zamora convirtió este caso y a sus protagonistas, reales o supuestos, en paradigmas del terror franquista y de la opresión del franquismo contra las mujeres sobre la base de la presentación de Amparo Barayón como “la primera joven emancipada de Zamora”, trasladada a Madrid “como medio de escape de los confines de su aislada ciudad natal, (…) la provinciana Zamora”.

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  1. El “caso Barayón” en Zamora

La lectura que se hizo de Muerte en Zamora en la ciudad natal de Amparo Barayón fue muy distinta. Hasta el momento de publicarse su edición española, había transcurrido más de medio siglo sin que ningún investigador hubiera publicado un estudio sobre la represión franquista en esta provincia. El Manifiesto de la Comuna Antinacionalista Zamorana (publicado en París en 1970) había dedicado un vivo recuerdo a las víctimas del franquismo, que cayó en el vacío, y con la salvedad de un par de comunicaciones en congresos y de algunas someras referencias en una historia divulgativa (publicada en fascículos por El Correo de Zamora) y en una tesis doctoral –la de Miguel Ángel Mateos, dedicada a los procesos electorales de 1931-1936-, el tema permanecía prácticamente virgen a los ojos del público local. En consecuencia, en Zamora no se produjo el ajuste de cuentas masivo que temía Román de la Higuera, sino la reacción habitual en una sociedad levítica, es decir, silenciar la noticia molesta mientras fue posible. Sin embargo, fue imposible ignorar por mucho tiempo la existencia de Muerte en Zamora, y aunque muy tardíamente, se terminó produciendo una polémica que lo llevó a las páginas de la prensa local.

Miguel Ángel Mateos, catedrático de historia contemporánea, con gran peso en la gestión cultural y la vida política de la provincia, reaccionó de manera muy tardía y con su habitual afán pedagógico, primero en un amplio capítulo monográfico de la Historia de Zamora (2001), más tarde en una serie de artículos publicados en La Opinión-El Correo de Zamora (en 2005), y por último, en un encuentro universitario (2006). Al igual que Román de la Higuera, Mateos sobrevaloró los daños colaterales que Muerte en Zamora podría ocasionar en la sociedad local, y se impuso la tarea de corregir a su autor en el relato de las circunstancias y en la atribución de responsabilidades y móviles por la muerte de su madre, empleando en la crítica unos medios excesivos y un tono a todas luces inapropiado.

Mateos intenta hacer una historia científica de la guerra civil, desde una postura inequívocamente crítica con la dictadura y con los autores revisionistas, pero también con una aprensión manifiesta hacia los movimientos memorialistas. Se separa del paradigma historiográfico antifranquista al disentir de la teoría del plan de exterminio, pues ha vinculado la represión con la resistencia al golpe (reproduciendo a veces como hechos probados las acusaciones con las que se justificaron las matanzas), y considera que la cuantía global de la represión republicana supera a la franquista. Por otra parte, el peso de sus convicciones ideológicas lastra sus aspiraciones científicas, al realizar generalizaciones abusivas (por ejemplo, exagera el peso de los izquierdistas conversos en el pistolerismo falangista, y minimiza la responsabilidad de la Iglesia magnificando los casos en los que algún párroco empleó su influencia para salvar a alguien), lo que aparece como un intento de legitimar lugares comunes de la memoria colectiva, que tuvo su lamentable colofón en la revelación del supuesto final de Martín Mariscal. Por todo ello, y muy a su pesar, su crítica a Muerte en Zamora fue interpretada como el intento de generar una versión oficiosa de los hechos a la medida de los intereses de la derecha zamorana, lo que lo llevó a ser acusado de revisionismo neofranquista y a recibir réplicas no sólo de miembros de la familia Barayón sino también de pesos pesados de la historiografía como Francisco Espinosa, Paul Preston o Helen Graham.

Las objeciones que Mateos podía formular a la obra de Sénder eran básicamente cuestiones de detalle, del tipo de discernir si las personas aludidas eran en verdad responsables de estos hechos concretos o solamente de otros similares, lo que le hizo aparecer, sin ser esa su intención, como el paladín de la reputación de unos personajes a los que sus propios descendientes no eran capaces de justificar de forma creíble, o empeoraban su imagen al reivindicarlos, o incluso –como en el caso de Segundo Viloria- preferían que no se hablase de ellos aunque fuese para defenderlos. En último término, Mateos vino a matizar las responsabilidades de las personas aludidas con argumentos no siempre empíricos sino muchas veces basados en prejuicios sociales e ideológicos, del tipo de pensar que un liberal o un católico no podían cometer o alentar crímenes de odio, o que si los cometían era para hacerse perdonar su pasado.

Enfrentado a una obra que, pese a sus inexactitudes, era necesaria y oportuna, el historiador zamorano no se conformó con formular unas puntualizaciones asépticas y respetuosas sino que construyó un relato alternativo, en el que su esfuerzo de contextualización terminaba eximiendo de responsabilidad moral a todos los personajes, excepto a un outsider, Martín Mariscal, carente de vínculos locales que obligaran al historiador a cualquier esfuerzo de justificación o contextualización. Por una endiablada casualidad, y salvando las inmensas distancias morales e intelectuales que separan a ambos autores (y a sus respectivos chivos expiatorios), Mateos coincidía con el cronista franquista Julián Cachón en hacer depositario de la principal responsabilidad a un empleado de Correos forastero –en Benavente, el socialista Almoina y en Zamora, el falangista Mariscal-, y en ambos relatos el final permitía poner a la historia un epílogo novelesco que demostrara que la realidad supera la mejor ficción, aunque en el caso de Mariscal ello implicara dar por buena una leyenda urbana (o más bien rural) típica del imaginario colectivo sobre la represión franquista y que se acabó demostrando falsa, lo que lleva a concluir que para ese viaje no hacían falta tantas alforjas.

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Los puntos más controvertidos en la polémica suscitada por Mateos son la fiabilidad de los datos aportados por el opúsculo de Pilar Fidalgo –que ya comentamos en nuestro blog- y la atribución de responsabilidades en la muerte de Amparo, que Sénder resuelve con una alegoría bíblica, representando como Judas, Pilatos y verdugo, respectivamente, a su tío Miguel Sevilla, al teniente coronel Raimundo Hernández Comes –cuyo apellido confunde con el de su suegro, el general Claumarchirant- y al abogado Segundo Viloria Gómez-Villaboa. A estos tres nombres se suman los del capellán de la cárcel, Anastasio Antón, del cura falangista Miguel Franco Olivares (participante habitual en las ejecuciones extrajudiciales), del obispo Manuel Arce Ochotorena y del médico Pedro Almendral Vega. Obviaremos aquí el papel de los eclesiásticos, que ya se trató en nuestros comentarios a Una joven madre en las prisiones de Franco, y nos centraremos en los restantes personajes.

5.1 El “caso Sevilla”

Los hijos de Miguel Sevilla fueron los primeros aludidos que replicaron a las afirmaciones de su primo Ramón cuando el libro sólo se había publicado en inglés, edición de la que ellos tendrían noticias por la reseña que José María Carrascal publicó en ABC. Fue en ese mismo periódico donde los hermanos Sevilla Barayón respondieron con una carta remitida desde Sevilla (donde el cuñado de Amparo se instaló con su familia después de la guerra), en la que contradecían la versión de Muerte en Zamora (que es la de otros primos suyos), dando a entender que la perdición de Amparo se debió a su empeño en reunirse con su marido en lugar de permanecer escondida en casa como le habría propuesto su familia. En este punto, afirmaban que Miguel Sevilla fue engañado por el gobernador Hernández Comes, quien habría ordenado detener a Amparo tras prometer a su cuñado que le concedería el salvoconducto, y tras incumplir su promesa habría llegado a amenazarlo, lo que resulta coherente con la idea de que, si bien era respetado por su historial tradicionalista, su influencia entre sus correligionarios no era suficiente para conseguirle un salvoconducto a su cuñada, ni para librarla de la prisión ni de la muerte.

Frente a la versión de Muerte en Zamora sobre el abandono de Amparo y sus hijos tras su detención, los hermanos Sevilla Barayón manifiestan que su madre hizo llegar diariamente comida a Amparo mientras estuvo en la cárcel, y que sus padres trasladaron a Ramón y Andrea a la frontera francesa y los entregaron a su padre. En la mayoría de los puntos se trata de contraponer la palabra de unos miembros de la familia a la de otros, sin posibilidad de verificación empírica, pero hay una evidencia documental que matiza desfavorablemente la versión de los Sevilla: Andrea Sénder Barayón permaneció en el hospicio desde el 10 de octubre de 1936 hasta que Miguel Sevilla se hizo cargo de ella, el 5 de enero de 1937, para trasladarlos (a ella y a Ramón) a la frontera francesa.

No hay ningún indicio de que Amparo fuera denunciada por su cuñado, al margen de los reproches morales que merezcan su conducta hacia ella durante su encarcelamiento y hacia sus hijos tras su asesinato, y del contraste sangrante con la movilización de la familia para recuperar los bienes incautados a Saturnino y Antonio, y tampoco parece que las autoridades militares necesitaran denuncias surgidas del ámbito familiar para decidir su muerte.

5.2. El “caso Hernández Comes”

Ramón J. Sénder era bien conocido en la sociedad zamorana –ya en 1932, La Mañana, órgano de los republicanos y socialistas locales, había publicado colaboraciones suyas-, y era un personaje odiado por las derechas y, muy especialmente, por las fuerzas de orden público -denunciadas en O.P., en Siete domingos rojos o en sus reportajes sobre Casas Viejas-, y por los militares africanistas aludidos en su novela Imán: no olvidemos que Millán Astray dirigía en aquellos momentos el aparato propagandístico del Cuartel General del Generalísimo en Salamanca y que aprovechando esta circunstancia campaba a sus anchas por Zamora, dedicado a la amenaza, a la extorsión y a promover la represión. Podría objetarse como demostración a contrario sensu que el odio de los golpistas hacia José Almoina no impidió la liberación de su esposa Pilar Fidalgo, pero a él se le menospreciaba como a un cartero con pretensiones intelectuales y se infravaloró el potencial propagandístico de las revelaciones que pudiera divulgar, mientras la capacidad de Sénder de conmover a la opinión pública estaba sobradamente demostrada. Todo ello parece configurar un cuadro que, unido al pretexto de las sospechas de espionaje, esgrimido en el informe de Hernández Comes, sería suficiente –en la retorcida pero implacable lógica de los golpistas- para que las autoridades militares, en un punto u otro de la cadena de mando, decidieran su muerte sin demasiados escrúpulos.

Hay un factor que Sénder Barayón destaca y que Mateos tiene en cuenta como posible desencadenante de la decisión de encarcelar a Amparo: los reproches formulados al gobernador Hernández Comes por la muerte de su hermano Antonio. Esta circunstancia se inscribe en las coordenadas habituales de la violencia franquista contra las mujeres y motiva con frecuencia la extensión hacia ellas de una violencia que en principio iría dirigida contra los varones de sus familias. En la provincia de Zamora hemos podido documentar varios casos en los que al asesinato de un hombre siguieron los reproches públicos contra los asesinos o denunciantes por parte de mujeres de su familia y, a continuación, represalias contra éstas, incluso en fechas bastante tardías. Este sería el caso de Braulia Raposo y Adoración Méndez, madre y hermana de Sabino Méndez, vicesecretario de la Sociedad Obrera de Cañizo, que tras el asesinato de éste en noviembre de 1936, interpelaron públicamente a sus denunciantes, y sufrieron represalias: la primera fue detenida y apaleada, y la segunda secuestrada y asesinada en diciembre. En clave similar podemos interpretar la desaparición, en febrero de 1937, de Esperanza Durantes Madeira, vecina de Aspariegos, cuyo hijo, Gilberto Fuentesaúco, había sido asesinado en septiembre del año anterior.

La responsabilidad del gobernador golpista Hernández Comes en centenares de ejecuciones extrajudiciales fue planteada por el hijo de Amparo en su investigación, y dio lugar a uno de los momentos más tensos de Muerte en Zamora, cuando el hijo del militar –Venancio Hernández Claumarchirant, antiguo alumno de Casimira Barayón, abogado en ejercicio desde 1929, gestor de la Diputación Provincial tras el alzamiento, alcalde de Zamora, procurador en las Cortes franquistas y decano del Colegio de Abogados en 1973-1992- despachó con cínicas evasivas a un Sénder Barayón que apenas había sido informado de quién era su interlocutor. Un cuarto de siglo después, la polémica se reprodujo –con distintos protagonistas- a raíz de las revelaciones de Manuel González Hernández sobre Martín Mariscal, de las que ofreció un adelanto en 2013. Este investigador realizó un seguimiento sobre el presunto autor material de la muerte de Amparo Barayón y descubrió que, en contra de la leyenda a la que Miguel Ángel Mateos dio crédito (y que habría inspirado incluso un cómic de Carlos Giménez), Mariscal no murió a causa de la venganza de la familia de una de sus víctimas sino de muerte natural, en su cama, quince años después de estos hechos. La mención de González Hernández a las órdenes de ejecución encubiertas como traslado firmadas por el gobernador dio lugar a la respuesta de Antonio Hernández Pérez, descendiente de Hernández Comes, cuyos argumentos para desmarcar al teniente coronel de la violencia en la retaguardia zamorana no aportaban nada nuevo, y se limitaban a dar una nueva vuelta de tuerca a los tópicos habituales.

El principal argumento de Hernández Pérez es que el teniente coronel Hernández Comes protegió a algunas personas de izquierdas, lo que no representa ninguna novedad, pues ya fue acusado de ello en los informes que propiciaron su destitución en 1937, como también lo fue de haber ordenado la muerte de otras personas “de izquierdismo más tibio”, todo lo cual no tiene otro significado que el de los recursos habituales en las disputas entre las distintas facciones partidarias del golpe de estado, y su pretendida significación humanitaria apenas disimula el más descarnado tráfico de influencias y la arbitrariedad de la represión franquista. Por otra parte, las pruebas documentales demuestran la connivencia, que su descendiente niega, con los pistoleros falangistas: las órdenes de “traslado” firmadas por Hernández Comes mencionan expresamente en qué manos debía dejarse a los detenidos, y si Mariscal cayó en desgracia no fue por ser excesivamente sanguinario –otros ejecutores de peor historial conservaron cargos y prebendas en Zamora después de la guerra- sino por dirigir ocasionalmente su violencia contra partidarios del golpe o personas situadas bajo la protección de las nuevas autoridades, o por realizar requisas y rapiñas no sólo en beneficio de la causa –lo que se consideraba admisible- sino también en provecho propio. Precisamente el hecho de que algunos ejecutores de la violencia en la retaguardia zamorana fueran procesados, en algún caso encarcelados y, un par de ellos, condenados a muerte, indica exactamente, por excepción, cuáles eran los límites de lo que las nuevas autoridades estaban dispuestas a tolerar, y desde luego, esos límites ampararon la práctica totalidad de los asesinatos cometidos en la provincia.

5.3. El “caso Viloria”

Otra cuestión que ha hecho correr ríos de tinta es la autoría material del asesinato. El recibo de entrega de las detenidas que fueron asesinadas esa noche fue firmado por Martín Mariscal, y el propio Sénder, basándose en testimonios orales, habla de un “pelotón de fusilamiento” del que formarían parte “Sebastián el droguero y el cartero Mariscal”, además del abogado Segundo Viloria Gómez Villaboa (Muerte en Zamora, p. 147). A lo largo de su obra, el hijo de Amparo centra la responsabilidad de la autoría material del asesinato en Viloria, que sin duda era la personalidad más destacada de las tres citadas, como hijo del arquitecto zamorano de mayor prestigio, nieto de un secretario del Gobierno Civil, pariente político de varios alcaldes monárquicos de Valladolid, cronista judicial del Heraldo de Zamora, abogado con gran actividad en los tribunales (injustamente infravalorada por los informantes de Sénder), compromisario maurista en la elección de presidente de la República en mayo de 1936 y responsable de la guardia nocturna de la Diputación, integrado más tarde en la segunda línea de Falange.

No cabe duda de que la figura de Viloria ha sido la más perdurable en Zamora como paradigma de la represión de retaguardia, aunque otros dos o tres ejecutores –incluido el propio Mariscal- superen su cifra de víctimas en la provincia. Esta fama –acrecentada por el hecho de ser conocido por su apellido y no, como la mayoría de pistoleros zamoranos, por apodos pueblerinos, menestrales o marginales- ha llevado su nombre a las páginas de obras de ámbito general (Víctimas de la guerra civil) e incluso de la narrativa de ficción (Andrés Sorel). En el caso de Amparo, la presencia de Viloria en el relato de Sénder resulta verosímil –o al menos, coherente- por la cercanía de los entornos sociales de ambos en la década anterior, que lleva a sus informantes a aventurar un amor despechado de Viloria por Amparo como móvil para asesinarla. Aunque ambos se conocieran, Mateos afirma que la estratificación social de la burguesía zamorana habría impedido una relación igualitaria entre un Viloria (vinculado a la elite local) y una Barayón (de clase media baja), así que de existir alguna aproximación por parte de él debemos suponer que sus propósitos habrían sido más donjuanescos que matrimoniales, y el rechazo por parte de ella difícilmente generaría un resentimiento tan duradero como para servir de móvil criminal a un Viloria que en 1936 era un hombre casado y con hijos. Mateos, que ni siquiera reconoce que Sénder ya había incluido a Mariscal entre los asesinos de su madre, descarta la presencia de Viloria entre ellos por entender que en tal caso, la firma de Mariscal como responsable del traslado habría sometido a Viloria a una dependencia jerárquica respecto de un subordinado, lo que supone, cuando menos, una fe exagerada del historiador zamorano en la rigidez ordenancista de las operaciones represivas de retaguardia: si Viloria no hubiera podido intervenir en una acción bajo la responsabilidad nominal del sargento de milicias Mariscal, ¿cómo se entendería su presencia –documentada- en una incursión en Villalpando dirigida por el también sargento Luis Valera Nieves, y en la que, por cierto, participaron también destacados miembros del Requeté (antes de la unificación)?

5.4. El “caso Almendral”

Mención aparte merece, entre las reacciones de los aludidos, la suscitada por las acusaciones contra Pedro Almendral Vega, médico de la cárcel de Zamora durante la República y el primer franquismo, fallecido en 1944. Almendral se convirtió en una bestia negra de las izquierdas zamoranas, por su falta de atención a los detenidos en octubre de 1934 que habían sido torturados antes de su ingreso en prisión, de manera que tras la victoria del Frente Popular fue denunciado y detenido por estos hechos, sufrió un intento de linchamiento y en marzo de 1936 fue invitado por el gobernador Lavín a abandonar la provincia hasta que se calmaran los ánimos, por lo que no regresó hasta agosto de ese año. En el ya mencionado testimonio de Pilar Fidalgo, Almendral es acusado de no haber prestado ninguna atención sanitaria a las reclusas de la cárcel ni a sus hijos, lo que habría agravado sus padecimientos y habría costado la vida a algunos de éstos. Según Fidalgo, Almendral habría llegado a decir que el mejor remedio para ella era la muerte, y estas palabras son recogidas por Sénder Barayón en el Muerte en Zamora. En su libro de 2001, Mateos cuestionó la veracidad de este testimonio y se erigió en avalista de Almendral Vega, considerando que su filiación albista garantizaba un talante liberal incompatible con el odio que refleja la anécdota.

Hasta aquí, el “caso Almendral” habría sido un apéndice menor del “caso Sénder”, pero se vino a complicar con la irrupción de su nieta Anabel Almendral Opperman, profesora de literatura alemana en la Universidad de Castilla-La Mancha. En los últimos años de su carrera docente, la doctora Almendral incrementó sus contactos con la provincia natal de su padre, también médico (que amplió sus estudios en Alemania, donde habría conocido a su madre), y así, dejó de lado sus estudios sobre Rilke para reivindicar a Pedro Álvarez Gómez (periodista del Movimiento y novelista de sabor popular zamorano), para donar al Museo Provincial su colección de obras de Gallego Marquina y para obsequiar a la Virgen de las Angustias con una medalla de la familia (contra lo que cabría esperar, parece que no se trata de la Cruz de Hierro). Pero el retorno a sus raíces paternas no se ha quedado en estos gestos más o menos inofensivos y en algún caso encomiables, sino que ha incluido una inmersión de hoz y coz en la peor bilis de la derecha zamorana, y el 13 de julio de 2004 quiso “poner los puntos sobre las íes” en relación a su abuelo, durante una entrevista en La Opinión-El Correo de Zamora, y replicó a un libro, Muerte en Zamora, que demostraba no haber leído, respondiendo que Amparo Barayón ingresó en la cárcel “tremendamente enferma, de sífilis” y que el doctor Almendral “dijo que para lo que le quedaba de vida era mejor que la subieran a la enfermería”. Esta afirmación, contradictoria con el atestado de ingreso en prisión y con las evidencias de la historia clínica de sus descendientes, fue replicada por Miguel Ángel Mateos –recogiendo a duras penas los pedazos del mito del “viejo liberal albista”- y por la familia de la víctima. Uno y otros pidieron a la doctora Almendral –el primero, por “caridad cristiana”; los segundos, incluso dictándole un formulario que le facilitara el trámite, dada la pereza lectora que había demostrado con Muerte en Zamora– una rectificación que nunca ha llegado.

. Pedro_almendral

  1. Epílogo: Ni verdad, ni justicia, ni reparación

Una última y tardía reparación simbólica tuvo lugar en el año 2008, cuando el Ayuntamiento de Zamora, en el marco de una campaña que incluyó homenajes similares a Felipe Anciones, Manuel Antón y Antonio Pertejo, y que contó con los votos favorables de ADEIZA (con Miguel Ángel Mateos como portavoz), PSOE e Izquierda Unida y la abstención del PP (ya liderado por la actual alcaldesa, Rosa Valdeón), puso el nombre de “Hermanos Barayón” a una calle de nueva apertura en el barrio de Pinilla. Seis años más tarde, en agosto de 2014, seguramente ignorando esta abstención y su significado, o confundiendo el mantra postfranquista de la “concordia” con una voluntad sincera de “reconciliación”, la bloguera Hortensia Hernández, impresionada por el reciente -para ella- descubrimiento de la historia de Amparo Barayón, propuso públicamente a Rosa Valdeón, alcaldesa de Zamora, a la directora de La Opinión y a los hijos de Amparo Barayón reunirse con ella para “lanzar al viento una paloma con el compromiso de un futuro de paz y reconciliación”.

Eduardo Martín González

Fuentes:

Archivo Histórico Provincial de Zamora: Asociaciones, Comisión de Incautación de Bienes y Responsabilidades Políticas.

 

Prensa de 1903-1936: Correo de Zamora, Heraldo de Zamora, La Mañana, La Tarde.

 

Armiño, Mauro, “Sénder: una víctima del mal”, en El Siglo, 01/10/2007.

Blanco Rodríguez, Juan Andrés y Ruiz González, Cándido, “La represión en la provincia de Zamora durante la guerra civil y el franquismo”, en Berzal de la Rosa, Enrique (coordinador), Testimonio de voces olvidadas, Valderas, Fundación 27 de marzo, 2007, volumen 2, pp. 237-314.

Espinosa Maestre, Francisco, “Amparo Barayón: historia de una calumnia”, en Ruiz González, Cándido (coord.), Guerra civil y represión: historia y memoria. Zamora. Ciclo de conferencias 19-38 de enero de 2010, Zamora, Círculo Republicano Zamorano, 2010, pp. 79-104.

Esteban Maes, Mercedes y otros, “La verdad sobre Amparo Barayón”, en La Opinión-El Correo de Zamora, 14/02/2005.

Gómez, Irene, “Ni un tiro ni una venganza. El acta de defunción demuestra que Martín Mariscal, asesino de Amparo Barayón, no falleció de muerte violenta, como se creía, sino de un cáncer en 1951 y en su casa”, en La Opinión-El Correo de Zamora, 22/05/2013.

Graham, Helen, “The Return of Republican Memory in Spain”, The Volunteer, verano de 2003, y “Killing Change: The Death of Amparo Barayón and the Return of Republican Memory in Spain”, seminario en la Facultad de Historia Moderna de la Universidad de Oxford, febrero de 2004.

Hernández, Hortensia, “Cerrando el círculo de la reconciliación. En memoria de Amparo Barayón Miguel”, en La Opinión-El Correo de Zamora, 08/08/2014.

Hernández Pérez, Antonio, “En defensa de la memoria del coronel don Raimundo Hernández Comes”, en La Opinión-El Correo de Zamora, 08/07/2013.

Herrick, William, “His mother and her murderer” (reseña de A Death in Zamora), en The New York Times, 18/06/1989.

Higuera, Román de la, “Contestación al hijo de Sénder” y “Réplica a la sobrina de Ramón J. Sénder”, en El País, 03/03/1982 y 24/04/1982.

Maes Barayón, Magdalena, “Sobre Ramón J. Sénder”, en El País, 14/04/1982.

Mateos Rodríguez, Miguel Ángel, “La guerra civil”, en AA.VV., Historia de Zamora. Tomo III. La edad contemporánea, Zamora, IEZ Florián de Ocampo, 2001, pp. 648-651.

Mateos Rodríguez, Miguel Ángel, “Muerte en Zamora: la tragedia de Amparo Barayón”, en La Opinión-El Correo de Zamora, 17/02/2005, 03/04/2005, 04/04/2005, 05/05/2005, 06/04/2005, 07/04/2005.

Preston, Paul, “Verdades grandes y pequeñas”, en La Opinión-El Correo de Zamora, 10/04/2005.

Ruiz González, Cándido, “Republicanos zamoranos: Los hermanos Barayón” (Boletín del Círculo Republicano Zamorano, nº 6, correspondiente al 14 de abril de 2007).

Ruiz González, Cándido, La espiga cortada y el trigo limpio. La comarca de Toro en la II República y el Primer Franquismo (1931-1945), Oñati, ed. del autor, 2011.

Sénder Barayón, Ramón, “Llamada del hijo de Sénder” y “Recuerdo de los veranos madrileños de Ramón J. Sénder y su esposa, Amparo Barayón”, en El País, 13/12/1981 y 29/08/1982.

Sénder Barayón, Ramón, A death in Zamora, Alburquerque, University of New Mexico Press, 1989; Muerte en Zamora, Esplugues de Llobregat, Plaza & Janés, 1990; Ein Tod in Zamora, Munich, Kirchheim, 2000.

Sénder Barayón, Ramón, “Muertes fuera de la ley”, en La Opinión-El Correo de Zamora, 10/04/2005.

Sevilla Barayón, Teresa, Carmen, Tránsito, Miguel y Margarita, “Ramón Sénder”, en ABC, 08/07/1989.

Torres, María, “Amparo Barayón Miguel”, en Búscame en el ciclo de la vida, 28 de agosto de 2014 (buscameenelciclodelavida.blogspot.com.es)

Viloria, Antonio, “Al historiador Mateos”, en La Opinión-El Correo de Zamora, 16/04/2005.

Vived Mairal, Jesús, Ramón J. Sénder. Biografía, Madrid, Páginas de Espuma, 2002.

Entrevistas a Ramón Sénder Barayón: El País, 13/12/1981; El Mundo, 28/05/2006; La Opinión-El Correo de Zamora, 29/06/2013,

Entrevista a Ana Isabel Almendral Oppermann en La Opinión-El Correo de Zamora, 13/07/2004.

Como fuente de inspiración literaria, en Sénder, Ramón J., Los cinco libros de Ariadna, Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2004 (ed. de Patricia McDermott); Mora, Constancia de la, Doble esplendor, México, Atlante, 1944; Saura, Carlos, ¡Esa luz!, Barcelona, Círculo de Lectores, 2000; Sorel, Andrés, La noche en que fui traicionada, Barcelona, Planeta, 2002; Giménez, Carlos, 36-39. Malos tiempos, Barcelona, Glénat, 2007.

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Necesitamos Justicia en España. Ante las ordenes argentinas contra franquistas. Declaración del Foro por la Memoria de Guadalajara. 01/11/14

martin.villa

Necesitamos Justicia en España. Ante las ordenes argentinas contra franquistas.

Declaración del Foro por la Memoria de Guadalajara. 01/11/14

  1. Se ha cursado en Argentina orden internacional de detención contra veinte altos cargos y policias de la dictadura franquista, todos ellos implicados en ordenes de ejecución o tortura. Entre ellos hay personalidades muy conocidas en la España actual y que disfrutan de la riqueza y honores obtenidos al servicio del régimen. A día de hoy y dada la situación legal, no hay ninguna probabilidad de que estas personas respondan ante la justicia, ni en Argentina ni, desde luego, en España, donde la dictadura sigue siendo considerada un régimen fuente del derecho, con sentencias y tribunales reconocidos todavía.
  2. Los ahora reclamados contarán con el apoyo fiscal español que acudirá de nuevo a la La Ley de Amnistía de 1977 para ayudarles a eludir la demanda argentina. Esta es la cruda realidad ante la que nos encontramos. Los crímenes del franquismo siguen impunes y todos sus verdugos, desde el más infame de sus esbirros hasta los más pretenciosos ex-ministros, siguen completamente a salvo de la acción de la justicia.
  3. Estos hechos no están desligados de la situación social y política española actual, pues la relación de fuerzas vivida está directamente relacionada con el mantenimiento de la impunidad. Nadie ha sido condenado, todos los privilegios y honores a los verdugos del régimen siguen intactos
  4. Ante la imposibilidad de conseguir justicia en España, numerosas personas y organizaciones se han tenido que dirigir a los tribunales de Argentina. En el marco del desarrollo de este proceso se han producido estas veinte ordenes de detención, pero eso no basta. Necesitamos Justicia en España.
  5. No se puede explicar la impunidad actual en España sin la existencia de la complicidad, del miedo o del silencio de la casi totalidad de las fuerzas políticas españolas de todo signo, que en su mayoría siguen obstinándose en considerar innecesario derogar la Ley de Amnistía. En cualquier caso, el hecho es que la acción de la justicia argentina ordenando veinte detenciones de altos cargos y policías del régimen no ha provocado la exigencia de responsabilidades políticas algunas. Un caso de corrupción causa revuelo político, veinte ordenes de detención internacional no merecen ni siquiera una reflexión.

Por todo ello, el Foro por la Memoria de Guadalajara expone ante la opinión pública lo siguiente:

EXIGIMOS que el Estado Español cumpla con las demandas de Naciones Unidas en materia de derechos humanos y de crímenes de lesa humanidad.

EXIGIMOS la anulación o la inaplicabilidad de la Ley de Amnistía de 1977

EXIGIMOS que se declare ilegal el régimen franquista y sus tribunales militares y sentencias

EXIGIMOS a todos los partidos políticos parlamentarios una declaración pública de condena de los crímenes franquistas y un compromiso de iniciar los pasos necesarios para lograr Verdad, Justicia y Reparación a las víctimas

EXIGIMOS que se retracten todos los dirigentes de izquierda que sigan defendiendo de una forma u otra la Ley de Amnistia de 1977, pues está demostrado por los hechos que es la mejor guardiana de la impunidad.

EXIGIMOS la detención y el juicio en España de los reclamados en Argentina y que la fiscalía investigue las ordenes de destrucción de los archivos de la represión que se llevó a cabo en 1976-77

EXIGIMOS la recusación automática de todos los jueces del régimen que siguen en ejercicio en los casos en los que se juzguen estos hechos.

DENUNCIAMOS el olvido y el silencio sobre la impunidad que se sigue dando en los actuales procesos de dialogo entre las distintas fuerzas políticas para lograr alianzas y unidad electoral. Esto es algo que debe acabar.

Llamamos a un acto público con presencia de representantes de todas las organizaciones políticas democráticas en las que se exponga con claridad el rechazo a la impunidad y un compromiso político y electoral de acabar con ella de inmediato.

Llamamos a todas las organizaciones de memoria y antifascistas de todo el estado a secundar estas demandas si las comparten.

Llamamos a todas las personas que compartan estas demandas a que lo expresen y apoyen este documento y el acto público que se va a organizar.

Nada se olvida, a nadie olvidamos,

Por el fin de la Impunidad. Foro por la memoria de Guadalajara 1 de noviembre de 2014

#franquistas #martinvilla #utrera #memoria #podemos #impunidad

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El testimonio de Pilar Fidalgo Carasa sobre las cárceles franquistas

Pilar Fidalgo Carasa

Pilar Fidalgo Carasa
UNA JOVEN MADRE EN LAS PRISIONES DE FRANCO (1)

(Traducción de la versión francesa, introducción y notas: Eduardo Martín)

Introducción

En mayo de 1937, la zona leal a la República tuvo ocasión de conocer las dimensiones de la represión que se estaba abatiendo sobre los sectores izquierdistas y republicanos de la sociedad zamorana, y de horrorizarse por las consecuencias que esta represión tenía para algunas mujeres. La información la divulgó el diario El Socialista los días 20, 21 y 24 de ese mes, bajo el título “Nueve meses en poder de los facciosos”, y su fuente era Pilar Fidalgo, que acababa de ser liberada de la cárcel de Zamora gracias a un canje propiciado por la Cruz Roja. Poco después, una versión más extensa de este relato fue traducida al inglés y al francés y publicada en sendos opúsculos con la intención de sensibilizar a la opinión pública de las democracias occidentales(2).

Pilar Fidalgo Carasa, natural de Morón de Almazán (Soria), tenía 32 años en 1936. Vivía en Benavente (Zamora), localidad natal de su padre, con su segundo esposo, el funcionario de Correos José Almoina, fundador en 1931 de la agrupación local del PSOE (cuyo órgano El Pueblo dirigió), candidato a Cortes en 1933, compromisario en la elección de Presidente de la República en mayo de 1936, y estudioso del patrimonio histórico-artístico de la localidad. Ella estaba, a su vez, afiliada al Grupo Obrero Femenino de la Casa del Pueblo de Benavente (con varias de cuyas militantes compartiría prisión, y a cuya secretaria vería entrar en capilla la víspera de su fusilamiento). Cursó estudios de magisterio, como su madre, pero no ejerció la profesión.

En 1937, Tras ser canjeada por una familia conservadora que había quedado en la zona leal, Pilar Fidalgo marchó a Francia con su esposo, donde éste desempeñaba una misión diplomática y propició la difusión de la historia de Pilar, y después de la derrota, lo acompañó al exilio, primero en la República Dominicana, donde Almoina prestó sus servicios a la dictadura de Trujillo, y tras su deserción, a México, donde él fue asesinado por los servicios secretos dominicanos.

La obra de Pilar Fidalgo, que nunca fue reeditada, fue rescatada, cuatro décadas más tarde, por el músico norteamericano Ramón Sénder Barayón, hijo del novelista Ramón J. Sénder y de Amparo Barayón, una de las víctimas mencionadas por Pilar Fidalgo, como guía para la investigación que a comienzos de los años ochenta llevó a cabo sobre las circunstancias de la muerte de su madre y que se plasmó en el libro Muerte en Zamora. La obra de Sénder Barayón fue traducida a varias lenguas(3) y convirtió este caso y a sus protagonistas, reales o supuestos, en paradigmas del terror franquista y de la opresión del franquismo contra las mujeres.

En el caso de Zamora, el libro de Sénder tuvo una recepción muy tardía que llevó el testimonio de Pilar Fidalgo a las páginas de la prensa local. Con un dominio deficiente del idioma, no había podido emplear prácticamente fuentes de archivo en su investigación y recurrió a testimonios orales no siempre bien informados, lo que dio lugar a informaciones imprecisas y, en ocasiones, gravemente erróneas. El historiador Miguel Ángel Mateos sometió el libro a una crítica a fondo, primero en una monografía sobre la guerra civil en Zamora, más tarde en una serie de artículos publicados en La Opinión-El Correo de Zamora, en 2005, y por último, en una ponencia presentada en un encuentro sobre la guerra civil organizado por la UNED a finales de 2006(4).

Sin embargo, una circunstancia sobrevenida vino a distorsionar el debate: el 29 de marzo de 2005, a cuento de una polémica previa entre Anabel Almendral y la familia de Amparo Barayón, en la que ya había terciado el propio Mateos, La Opinión-El Correo de Zamora publicó un breve resumen de Una joven madre en las prisiones de Franco (5) , y muy lamentablemente –pues ello generó una polémica perfectamente evitable, y en la que se vio enfrentado no sólo a un libro insuficientemente documentado sino también a la familia de la víctima y a historiadores de prestigio-, Mateos hizo extensiva su crítica también al opúsculo de Pilar Fidalgo. Es evidente que este texto contiene errores, perfectamente comprensibles dadas las circunstancias en que fue escrito, sin posibilidades de verificar los datos que le habían sido transmitidos oralmente y de forma clandestina, pero no invalidan en lo esencial su relato, tal y como se desprende de la documentación escrita y de los testimonios orales que hemos podido recoger. En efecto, y como veremos, en alguna ocasión da por asesinada a alguna persona que sobrevivió –lo que también han hecho historiadores zamoranos de prestigio en obras con acceso a archivos y con una perspectiva de más de medio siglo(6)-, o confunde las edades de algunas mujeres asesinadas, las fechas en que ocurrieron algunos hechos (por lo que sabemos, a los detenidos en la cárcel de Zamora no se les permitía el uso de agendas), o el número de asesinados en algunas sacas. Pero estas imprecisiones no impiden que la mayor parte de los hechos relatados en este opúsculo, pese a su intención propagandística, sean ciertos.

Todavía podemos añadir una tercera dimensión, que es la local. Pilar Fidalgo, que sobrevivió a circunstancias atroces en Benavente y en Zamora, marchó después al exilio, donde pasó también por una peripecia novelesca y vio morir asesinado a su marido. Todos estos son hechos bastante conocidos que, sumados a la circunstancia de ser José Almoina la bestia negra de las derechas benaventanas –ahí es nada, una persona culta educando a los obreros en la lucha de clases- han sido utilizados como argumentos adicionales para relativizar la fiabilidad de su obra. En este sentido, la palma de la desfachatez se la lleva Julián Cachón González, alcalde franquista (1967-1973) y cronista de Benavente y todo un dechado de gracejo castizo y de sintaxis fascista(7), que aprovechando un par de conversaciones circunstanciales con la familia de Pilar Fidalgo y con ésta en su visita a la tumba de sus padres, mezcla en un mismo relato la reiterada demonización de Almoina, “ilustre socio-comunista”, “evadido de toda posible responsabilidad por las víctimas que sus tesis provocaron”, el supuesto pesar de la familia Fidalgo por el mal casamiento de Pilar (y de ésta por haber emparentado con mestizos en México) y la nostalgia de ésta, a la que atribuye elogios a la Paz de Franco y de la que sólo le falta decirnos que sus mayores penalidades no fueron la cárcel, ni las privaciones de sus hijos, ni el temor a la muerte, ni el asesinato de sus amigos y compañeros, ni la pérdida de su marido, sino haber dejado de ver correr el toro enmaromao.

En definitiva, y más allá de las polémicas, sólo nos queda releer el texto de Pilar Fidalgo, que desde luego no tiene la última palabra pero sí es un punto de partida para conocer la represión franquista en Benavente y en la provincia de Zamora.

Une jeune mere dans les prisons de Franco cubierta

Texto completo

La autora de este relato es Pilar Fidalgo Carasa, maestra(8) . Los fascistas la detuvieron en su casa de Benavente, el 6 de octubre de 1936, y algunos guardias civiles la condujeron a las dependencias del Gobierno Civil de Zamora, donde fue fichada, y a continuación la condujeron a la cárcel. Ella se desvaneció a su entrada a la prisión: no hacía ni ocho horas que había dado a luz. Llevaba en sus brazos a su hija recién nacida. Su único crimen era ser la esposa de un socialista, amigo y protector de los protestantes, al que no habían podido asesinar, ni detener(9) .
Tras siete meses de encarcelamiento, Pilar Fidalgo fue canjeada, al igual que el resto de su familia (su madre y sus tres hijos)(10), por la familia del Sr. Semprún, de Valladolid. El intercambio no se realizó sin dificultades. La Sra. Fidalgo permanecía aun en prisión más de un mes después de la entrada en zona rebelde de la familia Semprún, la cual no dejó de ser tratada con consideración.
El testimonio de la Sra. Fidalgo es, pues, un testimonio directo, libre y personal. La Sra. Fidalgo vive actualmente en Francia y está dispuesta, si es necesario, a precisar todavía más sus afirmaciones.
Los hechos que informa se desarrollaron en Zamora, en pleno corazón de Castilla. La ciudad de Zamora no cuenta con más de 18.000 habitantes y, al igual que toda la provincia de la que es capital, es desde tiempo inmemorial un feudo de la reacción. Incluso después del advenimiento de la República, las derechas, camufladas bajo el nombre de “partido agrario”, conservaron todo su poder.
Los partidarios del Frente Popular, mucho menos numerosos que en otras regiones, debían hacer frente heroicamente al Sr. Cid que, en tiempos del gobierno Lerroux-Gil Robles, había sido ministro y seguía siendo el gran cacique de la provincia.
La misma víspera de la sublevación militar, el gobernador civil, recientemente posesionado, recibía en su despacho a los cargos electos provinciales y municipales, y les aseguraba con tranquilidad que no ocurría nada. El coronel del regimiento con guarnición en Zamora, el teniente coronel de la Guardia Civil, el jefe de los guardias de asalto, le insistían en su adhesión a la República. Cuando, al alba, algunos hombres de Benavente vinieron a prevenirlo de la probada duplicidad de los militares, el gobernador rechazó armar al pueblo, como se le pedía, bajo el argumento de que el mismo Sr. Cid, momentos antes, en aquel mismo despacho, había condenado la rebelión y ofrecido sus servicios al gobierno.
Al mediodía siguiente, Zamora estaba ya en poder de los rebeldes y el gobernador había pasado a la situación de condenado a muerte, en compañía del Sr. Moreno Jover, diputado en Cortes, del Sr. Salvadores, antiguo diputado, del Sr. Pertejo Seseña, que había sido compromisario en la elección del Presidente de la República, del secretario de la Federación obrera, Manuel Antón, así como de centenares de republicanos que serían fríamente asesinados en el curso de una furiosa persecución(11) .
De esta persecución, la Sra. Fidalgo informa solamente de aquello de lo que ella misma ha presenciado y de lo que le contaron testigos oculares. Su relato añade, a lo que ya se sabía del terror blanco, una nueva nota de crueldad: la cautividad y el martirio de las madres en la zona franquista.

El régimen de la prisión
… A mi llegada a la prisión, me hicieron subir por una escalera estrecha y empinada hasta la célula en la que ya estaban encerradas otras detenidas, aproximadamente una cuarentena, y me dejaron allí medio desvanecida. Bajo el pretexto de interrogarme, me obligaban a subir y bajar esta escalera varias veces al día, lo que, dado mi reciente parto y mi debilidad, me provocó una hemorragia muy fuerte. Como no me habían permitido llevar ningún paño, ni para mí ni para mi hija, y no había allí ni manta ni colchón, durante todo el tiempo de mi estancia en prisión tuve que dormir sobre el suelo de cemento, en pleno invierno, pese a que el clima de Zamora es uno de los más rigurosos de España. Trataba de abrigar a mi hija para que no sufriera demasiado; sus manos y su rostro se amorataban, en días en los que la temperatura bajaba hasta los cuatro o cinco grados bajo cero en el interior de nuestra celda y en los que yo no tenía para protegernos a ambas nada más que un trozo de manta que nos había dado una compañera. Terminé por caer gravemente enferma, y me arriesgué a pedir a la carcelera -de la–que hablaré más tarde- que llamara al médico. El de la prisión se llamaba Pedro Almendral. Vino por formalidad, y al verme sufrir, se limitó a decirme que el mejor medio de curarme sería morir; no prescribió ningún remedio, ni para mí ni para la niña(12).
La carcelera se llamaba Teresa Alonso; al ser su hija secretaria de la Sección Femenina de la Falange, le habían asignado a ella la vigilancia de las detenidas. Nos trataba con una brutalidad bestial, nos colmaba de bajos insultos y aprovechaba con cruel refinamiento todas las ocasiones de torturarnos(13).
El régimen de la prisión era bárbaro. Dos días después de mi llegada, no pude dar el pecho a mi pequeña, porque todas las emociones me habían hecho perder la leche(14). Por las tardes no me daban otra cosa que una tacita de leche de cabra con agua, que la niña tenía que beber fría, porque no nos permitían encender fuego. Mi hija cayó enferma de disentería y de bronquitis. Mis compañeras de infortunio la llamaban “Miss Prisión”. Éramos cuarenta detenidas en una celda destinada a un solo prisionero. No había más que dos bancos para sentarse y el suelo para dormir. Para nuestras necesidades no disponíamos más que de tres orinales que se vaciaba en un viejo caldero de hierro oxidado que también nos servía para lavar la ropa. Se nos prohibía recibir comida del exterior, y se nos servía una sopa repugnante cocida con sosa; estábamos todas en un estado espantoso. Para secar la ropa, no nos dejaban salir al patio, y la teníamos que tender sobre el suelo de la celda, apretándonos todas en un rincón para no pisarla. Pedimos a la carcelera que al menos nos permitiera tender al sol la ropa de nuestros hijos, y nos respondieron que la secáramos sobre nuestro cuerpo; efectivamente, tuvimos que hacer esto para que nuestros bebés no sufrieran la humedad.

Después de las cinco…
La angustia, una angustia indescriptible, renacía a partir de las cinco. Cada día una nueva y espantosa prueba comenzaba con el crepúsculo. Veíamos con horror caer la noche y llegábamos a desear que el sol nunca se pusiera. A las ocho o las nueve de la noche, comenzábamos a despedirnos. Algunas liaban un hatillo con la poca ropa que poseían y lo usaban de almohada, como si quisieran hacer un último descanso en este camino final que entreveíamos. Algunas ya se habían despojado de sus joyas, de sus pendientes, alianzas, medallas y pequeños collares; las habían entregado a sus familiares a través de las rejas, encomendadas a los que pronto serían huérfanos, y se adivina con qué emoción serían recibidas aquellas alhajas. Otras, que no habían recibido visitas, encomendaban los recuerdos de toda una vida doméstica, recuerdos de los días felices, a aquellas de entre nosotras de las que pensaban que tardarían más en seguirlas.
Para las que tenían un hijo pequeño con ellas –y el caso era frecuente: eran numerosas las mujeres que, como yo, habían dado a luz recientemente- el primer signo de que iban a ser conducidas a los verdugos era que les arrebataban a su hijo. Bien se sabía lo que esto significaba: a una madre a la que le retiraban su pequeño le quedaban pocas horas de vida. Eran escenas desgarradoras. Las condenadas cubrían de besos a sus hijos, los estrechaban contra su pecho, y había que arrancárselos a la fuerza, brutalmente; entonces, cesaban las lágrimas, y ellas caían en un estado de semiinconsciencia, de pasividad absoluta y de mutismo espantoso, perdida ya cualquier noción de lo que las rodeaba. Así es como las pobres madres eran conducidas a la muerte. Esto ocurría todas las noches; no recuerdo ninguna en la que se nos ahorraran estas escenas dramáticas. En el profundo silencio que guardábamos, oíamos primero los pasos en la escalera, después los pasos en el corredor, después la puerta se abría; aparecían guardias civiles y falangistas que leían los nombres, muy despacio, con una lentitud torturante. Una vez leído el primer nombre, la angustia y el terror comenzaban a apoderarse de nosotras. La que había sido llamada tomaba su hatillo, como si marchara de viaje, y nos lo entregaba, encomendándonos que lo hiciéramos llegar a los suyos. La que, al menos esta vez, no había sido nombrada, suspiraba al pensar que al menos tenía otras veinticuatro horas de vida aseguradas, un pobre consuelo que nos parecía un don precioso. Para oír mejor la lista, conteníamos la respiración y, para que nuestros hijos no llorasen, les dábamos el pecho. Las que debíamos permanecer allí, temiendo que los asesinos prolongasen su estancia entre nosotros, suplicábamos a las condenadas que se vistieran pronto; ellas sabían y nosotras sabíamos que iban a ser asesinadas y todas deseábamos que esta escena acabara lo antes posible, porque los verdugos, si las víctimas reclamadas tardaban en ponerse en macha, vomitaban las peores injurias, y amenazaban con llevarnos a todas. Lo más trágico era que las desdichadas que iban a morir se hacían cargo de nuestras razones y salían rápidamente, algunas sin llegar a calzarse. Por larga y azarosa que pueda llegar a ser mi vida, nunca olvidaré, ni olvidaremos las supervivientes, aquellos momentos.

Las dos noches más siniestras
Las dos noches más siniestras que pasé en prisión fueron la del 9 de octubre y la del 13 de diciembre de 1936. Todavía tengo, y siempre tendré presentes, las espantosas visiones de esas dos noches.
El 9 de octubre, la mayor parte de mis amigos de Benavente fueron asesinados. Eran, además de algunos cuyos nombres seguramente escapan a mi memoria, Epifanio Rodríguez Rubio, Felipe Martínez Abad, Ildefonso López, Enrique Villarino Santiago, Francisco Fernández, Luciano García Guerra, Marcelo Carbajo Lora, el hijo de un zapatero apellidado Burgos y que no había cumplido los diecinueve años, Félix Vara, el pintor Ibáñez, Alejandrino Pérez, Teófilo Infestas, y Vicente o Venancio Alonso. La esposa de este último, María Garea, estaba encarcelada con nosotros. Toda la noche del 9 de octubre la pasaron encerrados en una sala llamada “de justicia”, que servía de sala de tortura, y también de capilla para los condenados, y que era además el lugar en el que oíamos misa. Desde nuestra celda, agrupadas alrededor de la pobre esposa, escuchábamos lo que sucedía en la terrible sala de espera, hasta que vinieron a buscar a María Garea, que debía acompañar a su marido(15). Fue una de las primeras escenas de despedida a la que asistí. Jamás olvidaré el instante dramático en el que esa mujer nos encomendó (a nosotras, que podíamos seguir la misma suerte al día siguiente), que no abandonásemos a sus hijos; pero lo más trágico vino a continuación: oímos, después de que fuera conducida a la “capilla”, donde entre los otros condenados se encontraba su marido, los gemidos del uno y de la otra, que se abrazaron, al encontrarse por primera vez desde su encarcelamiento, por primera y última vez. Se reencontraron y se perdieron al mismo tiempo. Al alba, sus cuerpos fueron lanzados, aun abrazados, a la fosa común(16).
El recuerdo del 13 de diciembre no es menos trágico. Un día se dijo que algunos prisioneros habían planeado una fuga. Se escogió una sesentena, porque el gobernador, al que se preguntó qué castigo aplicar, respondió, al parecer, que lo mínimo que se debía hacer era ejecutar una cincuentena. El 13 de diciembre, se condujo a los sesenta prisioneros a la famosa “sala de justicia”, contigua, como ya he dicho, a nuestra celda. En el transcurso de una noche clara y fría, y durante cinco horas interminables, oímos los gritos de dolor de las víctimas martirizadas. Percibíamos los golpes de las correas sobre la carne, los insultos feroces de los verdugos mezclados con los aullidos de los infortunados, los golpes, las caídas de los cuerpos lanzados contra el suelo y contra las paredes. Había lamentos graves y roncos, mientras otros eran agudos como los gritos de los niños enfermos de meningitis(17).

Misas y sermones
Al amanecer, la misa fue oficiada por el propio obispo. Esto sólo ocurría en ocasiones excepcionales. A diario lo hacían sacerdotes que confesaban a los condenados o los acompañaban al lugar mismo de las ejecuciones, y no por deber sacerdotal sino con espíritu de “colaboración”. Las confesiones de los detenidos adquirían el valor de declaraciones en el curso de nuevos procesos, y eran motivo de nuevos arrestos y ejecuciones. Recuerdo en este sentido que un sacerdote se encargaba de escuchar a las detenidas a las que la carcelera obligaba a confesar con él. Este cura, con preguntas capciosas, arrancaba nombres y hechos que después ponía en conocimiento de los falangistas. Incluso se atrevía a emplear este procedimiento con los que estaban a punto de ser fusilados, cuyo miedo a la proximidad de la muerte y al misterio del más allá inclinaban sus almas fatalmente a la religiosidad(18). Otro cura “ejemplar” era el que nos decía la misa. Todos sus sermones eran en realidad arengas inflamadas contra los “rojos”. Cubría a los republicanos de insultos y nos decía que nos habíamos ganado ser encarceladas y ejecutadas por unirnos a hombres tan infames. Sus imprecaciones eran terroríficas y las maldiciones más espantosas salían de su boca durante el “ofertorio”. Negó la absolución a una detenida que iba a ser asesinada (Amparo Barallon [Barayón], de la que hablaré más adelante) porque se negó a declarar que su marido era un canalla. Así era el clero que asistía en sus últimos momentos a las víctimas de la sublevación pretoriana(19). El 13 de diciembre fue, como ya he dicho, el obispo quien visitó la prisión para celebrar la misa para los sesenta detenidos que iban a morir. Estaban, como se ha dicho, bajo el efecto de una noche de torturas, mártires sangrantes con los cuerpos quebrados y la ropa en jirones… Y en estas condiciones y en presencia de sus asesinos se les confesó y se les exhortó a “bien morir”.
Es a esta misma “sala de justicia” a donde se llevaba a los prisioneros a oir misa. Durante toda la ceremonia tuvimos que permanecer arrodilladas, sin girar la cabeza hacia el lado de la capilla en el que estaban los hombres. Detrás nuestro, nuestras carceleras nos vigilaban. En este recinto lúgubre, testigo de tantos martirios y sufrimientos postreros, solíamos encontrar pedacitos de papel, escritos por manos febriles y temblorosas, con palabras de despedida, en las que se recogían últimas voluntades o recomendaciones. En el suelo y en las paredes había grandes manchas de sangre todavía fresca, de sangre vomitada bajo los golpes bestiales, por quienes, poco tiempo después, encontrarían en la muerte el olvido y el fin de tantas torturas. A veces pudimos, no sin correr grandes riesgos, recoger algunos de estos papeles que conservamos como bienes preciosos, como en las catacumbas se conservaban las reliquias de los cristianos arrojados a las fieras: las reliquias de nuestros nuevos mártires.

Muchachas asesinadas
Recuerdo numerosos casos dignos de ser relatados. Entre otros el de Herminia de San Lázaro; era una joven de veinticinco años, de gran belleza. Estaba casada y fue detenida el mismo mes de octubre. Poco después la pusieron en libertad, pero, ya fuese porque los padecimientos la habían debilitado, o porque las emociones sufridas la hubieran torturado demasiado, cayó gravemente enferma. Se la acusaba de haber lanzado al Duero una estatua del inquisidor Diego de Deza. Esto era, para los restauradores del reinado del Santo Oficio, un doble crimen, y el clero y los beatos de la provincia no se conformaron hasta que Herminia volvió a ingresar en la prisión: la sacaron de su lecho para encarcelarla de nuevo. Al anochecer entró en nuestra celda y, durante tres horas, fue presa de ataques intermitentes de epilepsia. Aquella misma noche la llevaron al cementerio, donde fue asesinada. Su muerte fue decretada para vengar la ofensa infligida a un bloque de piedra, a la estatua de uno de los más sobresalientes entre los inquisidores de España. Conviene decir también, a propósito de esta estatua, que durante mucho tiempo se obligó a personas consideradas de izquierdas a buscarla en el río al que había sido arrojada a raíz del triunfo electoral de las izquierdas. Las búsquedas fueron en vano, pero muchos se ahogaron en ellas(20).
La historia de las hermanas Flechoso no es menos conmovedora. Nos las trajeron un domingo, exactamente el último domingo de noviembre, por la tarde. Una, Angelita, tenía quince años, y la otra, dieciocho(21). Partía el corazón ver a estas dos pobres criaturas, totalmente ignorantes de la suerte que las esperaba. No pensábamos que habría asesinatos aquella misma noche; generalmente, no venían, el domingo, a buscar víctimas, y deseábamos convencernos nosotras mismas tanto como deseábamos que la desgracia no golpease a aquellas niñas. Les aconsejamos que descansaran y les preparamos en el suelo una pobre cama hecha con las ropas y los trapos de los que disponíamos. Se durmieron, la una en los brazos de la otra, y por un momento pudimos velar su sueño inocente. Pero hacia las nueve de la noche, los verdugos vinieron a buscarlas. Una de ellas, con la mirada llena de dulzura, parecía, al oír cómo las nombraban, preguntarnos qué significaba aquello y para qué las llamaban. Se vistieron deprisa y la mayor dijo a la más joven, acariciándola: “ten cuidado, Angelita, y si te encuentras mal, agárrate a mí”. Estábamos tan conmovidas que apenas pudimos decirles adiós. Al bajar por la escalera debieron comprender el fin que las esperaba, porque oímos sus gritos. A la mañana siguiente supimos que las habían asesinado juntas y abrazadas la una a la otra. Un mes más tarde llegó una orden de ponerlas en libertad.
Recuerdo también a otras muchachas, de la familia Figuero de la Torre. Serafina Figuero de la Torre, que tiene quince años, Aurelia Figuero de la Torre, que tiene dieciocho, y su madre, María de la Torre, continúan en el calabozo, como si fuesen criminales peligrosas. Su hermano, un niño de diecisiete años, ha sido asesinado, aunque ellas todavía no lo saben(22).
Han asesinado también a todos los miembros, hombres y mujeres, de la familia Flechas, de Zamora, en total siete personas; sólo un joven logró escapar, pero en su lugar asesinaron a su prometida, Tránsito Alonso(23), y a la madre de ésta, Juana Ramos(24). Lo mismo ocurrió con la familia Carnero: la madre, las dos hijas y el prometido de una de ellas fueron asesinados(25). Y Silva, sastre bien conocido en Zamora, que fue asesinado allí mientras su esposa lo era en Toro(26). Y podría seguir citando innumerables familias, completamente aniquiladas.

Casos de sadismo
En nuestra prisión entraron Julia Cifuentes, que tenía veintisiete años, su madre, Baldomera Veledo, y Matea Luna [A]Larma, hermana de un diputado provincial. Arrancaron a Julia de los brazos de su madre para conducirla a la muerte. Su madre no tardó en seguirla. Matea fue asesinada al mismo tiempo que Julia. Las tres mujeres habían sido conducidas desde Villalpando en un camión por falangistas acompañados de muchachas. Las detenidas tuvieron que sufrir todo tipo de ultrajes, y algunos falangistas quisieron incluso violarlas, mientras otros se apartaban con las “acompañantes”. Otra detenida, llamada Irene de Almeida de Sayago, me explicó incluso que había sido conducida a la prisión en una camioneta por falangistas que intentaron ultrajarla. Estas escenas eran de lo más frecuentes. Los prisioneros eran considerados por quienes los conducían como un botín de guerra, y los excesos eran tan espantosos como habituales. Quiero citar a este respecto el caso de una tal Eugenia, detenida por alguien a quien todos conocían y habían considerado hasta entonces como un ser normal, un abogado, representante del partido conservador en Zamora, Segundo Viloria y Gómez Vilaboa(27). Este individuo detuvo a Eugenia, como hacía con centenares de mujeres –era su especialidad- y molió a golpes a la desdichada con tal violencia que al entrar en nuestra celda, tenía el cuerpo literalmente negro y la ropa interior pegada a las heridas. A continuación, había violado a la detenida. Pero no se conformó con esto: cuando volvió a estar de guardia en la prisión, regresó a buscar a su víctima, repitió sus hazañas y devolvió a aquella mártir a su mazmorra. Transcurridas algunas semanas, el monstruo volvió en busca de Eugenia, la condujo al cementerio y la asesinó(28).
Otro caso de sadismo digno de estudio es el de un asesino llamado Mariscal. Circula libremente por Zamora y comete tantos y tan espantosos crímenes que lo temen sus mismos cómplices. Este Mariscal ha llegado a ser uno de los jefes de los verdugos, por el derecho que le acredita una larga sucesión de atrocidades cometidas sin tener en cuenta la edad, el sexo ni la condición de sus víctimas. Estos dos asesinos son dignos de un estudio psiquiátrico.
Cuando en España leíamos, afectados por la indignación, el asco y el espanto, los crímenes del monstruo de Dusseldorf, estábamos lejos de pensar que en nuestro propio país veríamos aparecer tales fanáticos enloquecidos, todavía más horribles y surgidos de entre las personas a las que creíamos normales. Y el hecho es que no hay en la zona rebelde ningún pueblo, por pequeño que sea, que no tenga sus diez o doce criminales, al menos iguales que el monstruo de Dusseldorf, y muchos son los que lo superan en el horror(29).
Estar encarcelada es, para los rebeldes, perder toda individualidad. El más elemental derecho de gentes es ignorado, y se mata a un hombre con tanta facilidad como a un conejo, incluso más fácilmente, ya que para matar un conejo se necesita un permiso de caza, mientras que en estos momentos, para matar personas, basta con salir a la calle y dispararles por diversión.
En apoyo de esto recordaré que las tres primeras mujeres asesinadas en la prisión de Zamora fueron Engracia del Río, maestra en Fermoselle, Carmen N., muchacha de unos diecisiete años, de gran belleza, con sus cabellos negros y cuidados, y María Salgado, de Zamora, viuda y madre de un hijo de siete años(30). Estas dos últimas fueron conducidas al cementerio por un grupo de falangistas que, una vez allí, les dijeron que les permitirían correr por el recinto, y que si lograban escapar, les perdonarían la vida. Las dos mujeres aterrorizadas, pero también poseídas por el instinto de conservación, corrieron presas del pánico, de tumba en tumba, saltando por encima de las fosas, escondiéndose tras las cruces y de las capillas. Durante este tiempo, los falangistas, los “muchachos de buena familia” de la Falange las perseguían disparándoles, como a piezas de caza. Esto ocurría una noche a finales del verano, hacia las once. Heridas, desangrándose, presas de la locura de esta escena increíble, las dos mujeres cayeron por fin muertas bajo los disparos de sus cazadores, “los señoritos”, que estallaban de risa y que irían a explicar sus hazañas al casino, y a la mañana siguiente, a comulgar a la iglesia de su parroquia, donde los recibiría un párroco impaciente por felicitarlos por el celo que empleaban en la defensa de la sacrosanta religión(31).
El chófer de un médico muy conocido en Zamora, Dacio Crespo Cerro, había conseguido huir a Portugal, pero fue detenido en Braganza por las autoridades portuguesas, que lo pusieron en manos de los rebeldes. Antes de asesinarlo, lo sometieron a los suplicios más espantosos. Una detenida fue obligada a asistir a uno de ellos y me lo explicó. Esta mujer amamantaba entonces a un niño. La impresión que sintió al ver al desgraciado chófer, azotado con un vergajo, con una oreja arrancada, la cara estriada y desgarrada, sangrando por la cariz, los ojos, las orejas y la boca, fue tan fuerte que al niño que ella amamantaba se le cubrió el cuerpo de abscesos purulentos. Suplicó que curaran a su hijo, pero se lo negaron. La pobre mujer también terminó siendo asesinada, y su hijo, cuando lo condujeron al hospital, era todo él una llaga; supongo que habrá muerto.
Incluso en nuestra celda murió un niño en medio de todas nosotras. Estaba allí con su madre y su abuela, ambas prisioneras, y contrajo la meningitis. Daba unos gritos agudos y murió sin que el médico hubiera venido siquiera a verlo, sin recibir ninguna atención. Su madre y su abuela, que lo tuvieron que cuidar por sí mismas, fueron asesinadas juntas, al día siguiente de la muerte del pequeño.

La “justicia” de Franco
Si todo esto tenían que soportar las mujeres, ¿qué decir de los hombres? Cada tarde, veíamos en el patio efectuar el “apartado”, que consistía en separar de entre los prisioneros –que eran más de mil- las docenas de hombres destinados, la noche siguiente, a ser entregados a sus asesinos. Algunos habían sido condenados por lo que llaman “consejos de guerra”, caricaturas de tribunales sobre cuyas decisiones pesan solamente las opiniones del cura de la parroquia o del comandante del puesto de la guardia civil. Los juicios se fundamentan, qué ironía, en el delito de “rebelión militar”. Los rebeldes inculpan de su propio delito a quienes no se han sumado a su movimiento.
La arbitrariedad tiránica y el sadismo se manifiestan por todas partes: la mayor parte de las víctimas del “apartado” no habían sido oídas, o nadie se había tomado la molestia de fingir un juicio contra ellas.
Esto no tiene, por lo demás, ninguna importancia, pues la “justicia rebelde” no se detiene en estos “detalles”, no se pierde en procedimientos. Los responsables de las ejecuciones “juzgan” según su capricho, sin control de ninguna clase, y cómo iba a ser de otra forma si no queda ninguna autoridad que no sea criminal, de una parte porque el ejercicio de la autoridad es directamente proporcional al porcentaje de criminalidad detentado, y de otra porque quien no asesina no podría ejercer sobre los asesinos la menor autoridad. De todo esto resulta que los detenidos “juzgados” no gozan de ninguna ventaja sobre los que no lo han sido.
Desde otro punto de vista, poco importa estar en casa o en la cárcel. Cualquier falangista puede, si así lo desea, entrar en una casa, sacar de ella a tal o cual persona, conducirlas a un descampado y asesinarlas sin que nadie venga a pedirle cuentas. Si algún pariente o amigo de las víctimas se atreviese a protestar, bien sabe que sufriría la misma suerte. De esta forma, se hace sobre cada crimen un silencio denso y profundo que nadie se arriesga a romper. Los derechos individuales, los derechos humanos, son ignorados. Quien franquea la puerta de la cárcel sabe que probablemente será asesinado. Quien permanece en casa no puede estar totalmente seguro de que no será detenido en medio de una comida familiar o una hora después de acostarse.
Amparo Barayon, esposa del ilustre escritor Ramón J. Sénder, fue asesinada al amanecer del 12 de octubre de 1936. Tenía con ella a su hijita, de ocho meses y llamada Andreíta. A las seis de la tarde, el administrador de la prisión, Justo, entró en la celda y le arrancó a su hija de los brazos, diciéndole, entre otros insultos, que “los rojos no tenían el derecho de criar a sus hijos”. Amparo Barayon, impotente para defender a su hija y debatiéndose en el llanto, presa de una locura indescriptible, gritaba… Hasta que, deshecha en lágrimas, escribió una carta de despedida para Sénder, que yo misma guardé mucho tiempo, hasta que al final tuve que hacerla desaparecer, a causa de los registros continuos a los que se nos sometía. Sé que en esta carta ella le confiaba sus hijos y responsabilizaba de la situación en la que se encontraba a uno de sus parientes, llamado Sevilla(32). Después de escribir esta carta, Amparo se desvaneció, y cuando recobró el conocimiento, permaneció en un estado de semiinconsciencia, llamando a su hija a gritos. Por la noche, la arrancaron de la prisión y la condujeron al cementerio, donde fue asesinada(33).
Otra mujer, Teresa Adam [Adán], sufrió la misma suerte. Estaba casada con un periodista madrileño, Ignacio Alvarado- Teresa me entregó –y yo he conservado- su alianza y algunas medallas. Era una mujer fuerte, muy inteligente, bien educada y cultivada; conservó perfectamente la compostura ante la muerte(34). Creo que estos ejemplos bastan para establecer de qué forma se imparte la “justicia” en toda la zona que gobiernan Franco y sus esbirros.

El saqueo y el robo
Después de estos crímenes, expondremos el saqueo y el robo organizado, sobre todo en los pueblos. Las tranquilas aldeas de la provincia de Zamora están a merced de verdaderas razias falangistas. Entran en las granjas saqueando los graneros, deteniendo a los habitantes, apoderándose del dinero, el ganado, las aves de corral, vaciando las bodegas y dejando las casas despojadas de todo. Recuerdo que en los primeros días del “movimiento”, cuando todavía me encontraba en mi casa de Benavente, vi a los hijos de uno de mis vecinos, un médico, Antonio Conde Hernández, muchachos de como mucho dieciséis años, con sus fusiles en bandolera. Remangados a la manera de los trabajadores, ellos que no habían trabajado nunca, explicaban, sin darle importancia y como si fuera la cosa más natural del mundo, las rapiñas a las que se entregaban en los pueblecitos de los alrededores, aterrando con su actitud puerilmente belicosa (de la que la experiencia había mostrado sus consecuencias terriblemente trágicas) a los pacíficos labradores a los que obligaban a entregarles todo lo que les exigían imperativamente, y que debían dar testimonio de su entusiasmo por la “causa y la cruzada”. Estos diablillos que se desgañitaban gritando “Estaña Imperial, Una, Grande, etc.”, llevaban a sus casas toda clase de vituallas, que se repartían alegremente, y que enseguida eran consumidas en el curso de alegres celebraciones a las que asistían los parientes, los amigos de más edad, antaño orgullosos defensores del “derecho sagrado de propiedad”, los mismos que decían que la reforma agraria de la República era un robo. El derecho de propiedad ha sido abolido y ni siquiera se respeta después de la muerte. Los cadáveres son minuciosamente despojados de cualquier objeto de valor, se les arrancan incluso los dientes de oro. Puedo citar, por haberlo oído explicar en la cárcel, el caso del Sr. Zuloaga, abogado en los tribunales, un muy eminente jurisconsulto de León, al que asesinaron cerca de esta ciudad y cuyo cadáver fue descubierto completamente desnudo. El Sr. Zuloaga era una personalidad muy destacada de la sociedad de León, y permanecía al margen de cualquier actividad política; incluso se le podía considerar de tendencia conservadora.
Han sido asesinadas, en la provincia de Zamora, alrededor de seis mil personas, entre ellas unas seiscientas mujeres(35). No hay pueblo, por pequeño aislado que sea, que no haya sufrido su o sus crímenes. En los caminos, en los prados, en los campos, bajo los robles y entre los hayedos de las montañas, durante meses y meses, han aparecido cadáveres, unos abandonados después de los asesinatos, otros desenterrados por los animales de las tumbas precipitadamente cavadas por los asesinos. En las ciudades y los pueblos todo es silencio y en los arrabales todo es luto. Las viudas y huérfanos que conservan la vida y la libertad deben esconder su dolor por miedo a ser asesinados. Mendigan a escondidas, porque quien socorre a la viuda o a los huérfanos de un “rojo” se arriesga a ser perseguido. Sólo el Auxilio Social se organiza para aliviar el sufrimiento material, pero imponiendo el sufrimiento moral, al obligar a los huérfanos a cantar las canciones de los asesinos de sus padres, a vestir el uniforme que vestían quienes los ejecutaron, y a maldecir la muerte y blasfemar de su memoria.
En fin, yo estoy a resguardo. He sido salvada, en parte por azar y principalmente por el efecto de estas leyes de la guerra que hacen de los rehenes una moneda de cambio. Es una resurrección para mí verme fuera de la prisión, libre de toda opresión y segura de no volver a caer en manos de la barbarie. Pero conservo en mi corazón las lamentables imágenes de estas doscientas noches interminables de pesadilla. De una pesadilla que no era un sueño, sino la realidad incontestable. Una realidad que fue, y que permanece, puesto que, aunque yo respiro por fin en libertad, en nuestra celda pasan y se renuevan una cuarentena de mujeres sometidas sin cesar a la indescriptible tortura, mientras que millares de hombres, hacinados en los vestíbulos, los corredores, el patio, esperan la caída de la noche que los conducirá al matadero y a la fosa común donde caerán sus cuerpos amontonados.
De todos ellos soy solidaria en mi libertad, como lo fui en mi prisión, y en el presente como entonces comparto sus sufrimientos. ¿Qué puedo hacer por ellos, sino denunciar la crueldad de sus verdugos?
Si la condición humana está hecha de respeto al derecho, de amor al prójimo, de libertad, hay en las cárceles de Franco millares de seres cuya única esperanza es la de poder algún día volver a ser tratados como seres humanos.

Notas:

1. Una versión abreviada de este texto, basada en la declaración prestada por Pilar Fidalgo, recién llegada a Francia, ante el cónsul de España en Bayona, y titulada “Nueve meses en poder de los facciosos: testimonio personal”, fue publicada en el diario El Socialista los días 20 a 24 de mayo de 1937.
2. Une jeune mère dans les prisons de Franco, Paris, Editions des Archives Espagnoles, 1939; A Young Mother in Franco’s Prisons, Londres, United Editorial Ltd., 1939. Los opúsculos se publicaron en ediciones bastante cuidadas, de hecho la edición francesa tiene en la cubierta una ilustración de Picasso, perteneciente a la serie de grabados Sueño y mentira de Franco. Como prueba de que sus destinatarios potenciales no eran solamente los sectores progresistas sino la opinión pública en general, en el primer párrafo de la obra se alude a los amigos protestantes del marido de la autora, entre los que podemos destacar al veterinario Audelino González Villa, cuya biografía publicaremos próximamente.
3. SÉNDER BARAYÓN, R., A death in Zamora, Alburquerque, University of New Mexico Press, 1989; Muerte en Zamora, Esplugues de Llobregat, Plaza & Janés, 1990; Ein Tod in Zamora, Munich, Kirchheim, 2000.
4. MATEOS RODRÍGUEZ, Miguel Ángel, “La guerra civil”, en AA.VV., Historia de Zamora. Tomo III. La edad contemporánea, Zamora, IEZ Florián de Ocampo, 2001, pp. 648-651; “Muerte en Zamora: la tragedia de Amparo Barayón”, en La Opinión-El Correo de Zamora, 17/02/2005, 03/04/2005, 04/04/2005, 05/05/2005, 06/04/2005, 07/04/2005; “Una reflexión introspectiva sobre la guerra civil en Zamora”, en Blanco Rodríguez, Juan Andrés (coord.), A los 70 años de la guerra civil español. Actas del Encuentro celebrado en Zamora, 21 y 22 de diciembre de 2006, Zamora, UNED, 2010, pp. 121-132.
5. El 23 de octubre de 2011, el mismo periódico publicó un nuevo resumen, esta vez más amplio, con abundante documentación gráfica y con el dato de que Pilar Fidalgo sólo regresó a Benavente para visitar la tumba de sus padres.
6. Por ejemplo, el propio Mateos da a entender que los mineros asturianos mataron a un guardabarreras de la estación de Benavente que en realidad sólo sufrió heridas graves, y que llegó a ser indemnizado por este hecho. Asimismo, en la Historia de Zamora publicada en 1991 por La Opinión-El Correo de Zamora se da por asesinada a la maestra socialista Aurora Blanco, que no solamente sobrevivió sino que superó el procedimiento de depuración con muchas consideraciones favorables y con una sanción mínima.
7. CACHÓN GONZÁLEZ, Julián, Por estos adiles, Benavente, CEB Ledo del Pozo, 2010. Parece ser que este autor, como tantos burócratas franquistas y redactores de la prensa del Movimiento, faltó a clase el día en que en su colegio se enseñó el uso correcto de la coma.
8. La semblanza biográfica más completa de la autora la proporciona Salvador E. Morales Pérez en Almoina, un exiliado gallego contra la dictadura trujillista, Santo Domingo, Archivo General de la Nación, 2009. Aunque Pilar completó los estudios de Magisterio y realizó los cursillos de selección, no ejerció como maestra, únicamente ayudó a su madre, que sí tenía plaza en propiedad.
9. [La versión de El Socialista contiene la siguiente introducción: “Era la mañana del 20 de julio. A la media hora de haber salido de Benavente Almoina, para prevenir de la situación de Zamora al Gobierno civil de León y pedir refuerzos en Astorga, entraron en Benavente los rebeldes. Eran falangistas, procedentes de Valladolid. Se produjo en la calle mucho barullo, y al ir a asomarse la esposa de Almoina, inquieta por la suerte de éste y de sus compañeros, unas vecinas comenzaron a apostrofarla, pidiendo su muerte. Aterrada pasó al interior de la casa, que fue entonces asaltada por numerosos falangistas, que la registraron, rompiendo libros de la biblioteca, llevándose papeles, fotografías y documentos. (Después habían de decir calumniosamente que había entre ellos una lista de personas para ser asesinadas por los «rojos»). Antes de retirarse, dos de ellos, en vista de que no encontraban al dueño de la casa, quisieron llevarse a su mujer; pero un tercero, advirtiendo el estado en que se hallaba (séptimo mes de embarazo) intervino y evitó que la detuvieran. La dejaron, pero advirtiéndole: «Quédate ahora a parir; pero después ajustaremos cuentas.» (…) Después de dar a luz, por encontrarse muy débil estuvo ocho días en cama. Al día siguiente de levantarse (el noveno) la condujeron a la cárcel de Zamora, sin dejarle llevar ropa, ni aun la indispensable para su hija recién nacida, diciéndole que salía de casa para una declaración de un momento…, un momento que duró seis meses.”]. El 20 de julio, José Almoina salió de Benavente a bordo del tren de mineros asturianos que había llegado a esta localidad la noche anterior, y que tomó el camino de regreso al conocer la traición del general Aranda en Oviedo. El hecho de que los dirigentes benaventanos que tomaron el tren se libraran de la represión que se abatió sobre sus correligionarios locales propició una versión –variante local de la historia de la “traición de Galarza” fabulada por Arrarás en su Historia de la Cruzada española-, que fue divulgada por los autores franquistas, que atribuyen a la “patente falta de cuajo humano” de Almoina su marcha en el tren de los mineros (v., p. ej., Julián Cachón González, Por estos adiles, Benavente, CEB Ledo del Pozo, 2010, p. 82). Esta versión parece haber sido asumida también por Miguel Ángel Mateos Rodríguez en “La guerra civil”, en Historia de Zamora, tomo III. La edad contemporánea, Zamora, I.E.Z. Florián de Ocampo, 2001, pp. 577-651. Cachón González, op. cit., p. 79 y 161, da por buena la afirmación de que durante la breve ocupación de Benavente por los mineros asturianos se elaboraron listas de derechistas para su ejecución: “Domingo, el marido de la señora Adela, ‘La Chafandina’, dijo a mi padre aquella noche que en su taberna estaban varios vecinos facilitando listas para ejecutar a conciudadanos. Falló el proyecto por falta de tiempo” (p. 79). En caso de ser cierta esta reiterada versión, no se entiende por qué los ocupantes no practicaron ejecuciones sumarias ni detenciones y al marchar en el tren no se llevaron rehenes (prácticas que los franquistas adoptaron por norma en ocasiones similares, después celebradas como hazañas heroicas).
10. Además de Helena, nacida el 16 septiembre de 1936, Pilar tenía ya entonces otros dos hijos: Pilar y José Almoina Carasa.
11. Entre todos los mencionados hay que hacer una excepción, pues el gobernador Tomás Martín Hernández entregó sin resistencia el Gobierno Civil a los golpistas y no fue condenado a muerte sino a 30 años de prisión, por haber ayudado a escapar a Ángel Galarza. El resto de ellos sí fueron ejecutados, algunos tras ser condenados en Consejo de Guerra (Pertejo, Antón) y otros extrajudicialmente (Moreno Jover, Salvadores).
12. Mateos (La Opinión, 03/04/2005) cuestiona la veracidad de la conducta aquí atribuida a Pedro Almendral, basándose únicamente en un talante liberal que le presume por sus vínculos políticos con Santiago Alba, aunque admite que se había ganado la enemistad de la izquierda zamorana (enemistad que se debió principalmente a la omisión del deber de atender a los detenidos que fueron torturados en octubre de 1934). De hecho, Almendral estuvo a punto de ser linchado en Zamora tras el triunfo del Frente Popular, fue denunciado y detenido y por consejo del gobernador civil abandonó la provincia, a la que sólo regresó en agosto de 1936. Antes que Mateos, la hija de Almendral había pretendido defender a su padre en una entrevista, aunque sus argumentos fueron tan desafortunados –atribuyó a su padre la supuesta revelación de que Amparo Barayón ingresó en prisión enferma de sífilis- que sólo contribuyeron a enturbiar todavía más su imagen (La Opinión, 13/07/2004).
13. Se trata de un personaje real que, de hecho, una década más tarde seguía prestando servicios en la Prisión Provincial de Zamora.
14. El testimonio de Helena Almoina Fidalgo, recogida por Morales Pérez, op. cit., p. 57 n., contradice esta afirmación por considerar que en caso de haber perdido la leche su madre, “se la hubieran quitado”.
15. María Garea, secretaria del Grupo Obrero Femenino de la UGT de Benavente (al que también pertenecía Pilar Fidalgo), y su esposo, Venancio Alonso, presidente de la Sociedad de Artes Blancas del mismo sindicato, fueron fusilados el 7 de octubre de 1936 en cumplimiento de la sentencia impuesta por un Consejo de Guerra.
16. [Nota de la edición francesa: “Con Vicente Alonso, marido de María Garea, fueron encarcelados entre otros Audelino González Villa, Víctor Calvo, Domingo Pedroso [n. del traductor: Pedrero] y sus dos hermanos, Felipe Martínez Abad y Epifanio Rodríguez Rubio, concejales del Ayuntamiento, Enrique Villarino Santiago, periodista, Francisco Fernández, trabajador de una panadería y su compañero José Muniaga [n. del tr.: Maniega], al que acompañaba su esposa Leonor Martínez Robles, que había sido candidata a las Cortes, Modesto Rodríguez, empleado de una farmacia, Visitación de Castro [n. del tr.: Visitación Prieto Pajares], esposa de otro concejal [n. del tr.: esposa del concejal Olegario de Castro Rodríguez –de ahí la confusión en el apellido-, que sobreviviría], Vitaliano Barroso del Olmo, industrial y presidente de Izquierda republicana, Marcelo Carbajo Lora, periodista, Alejandrino Pérez, industrial, el pintor Ibáñez, Teófilo Infestas, empleado del Ayuntamiento, Ildefonso López, industrial y periodista, Pablo Santos, Félix Vara, Luis Forés, Luciano García Guerra, industrial, Cesáreo Alonso, y su hermana, de la que informaremos más adelante su muerte trágica. Más tarde fue igualmente encarcelado un católico practicante, Alfredo Rodríguez Enríquez, que sería condenado a 30 años de prisión y que, el pasado abril, se encontraba todavía en la prisión de Zamora. De todos los que hemos citado, Alfredo Rodríguez Enríquez, Leonor Martínez y Audelino González fueron los únicos que salvaron sus vidas”]. Los ya comentados errores en las fechas se pueden corregir acudiendo al Registro Civil y al registro del cementerio de Zamora o consultando el artículo de Cándido Ruiz “Notas sobre la represión física, económica y laboral en la ciudad de Benavente durante la Guerra Civil y posguerra (1936-1943)”, en Brigecio. Revista de estudios de Benavente y su tierra, 14 (2004), pp. 123-153: diez benaventanos condenados a muerte fueron fusilados en la madrugada del 6 al 7 de octubre, pero los condenados a penas de prisión o no juzgados en consejo de guerra no fueron asesinados ese mismo día sino en varias sacas en fechas posteriores: once el 10 de octubre, quince el 22, cinco el 24, dos el 25 y diez el 28 de octubre. Aunque Mateos parece atribuirle la afirmación contraria, Pilar es consciente de que Leonor Martínez Robles también sobrevivió.
17. Al parecer, no hay constancia documental de un intento de fuga multitudinario ni de una represalia tan numerosa en una misma noche. En la saca de la madrugada del 13 al 14 de diciembre, independientemente de que se debiera o no a una represalia por un intento de fuga, los asesinados no fueron 60 sino 16. Mateos (La Opinión, 03/04/2005) plantea la hipótesis, que resulta plausible, de que Fidalgo se refiera en realidad al fusilamiento de 27 condenados a muerte el día 31 del mismo mes.
18. Mateos (La Opinión, 03/04/2005) niega que el sacerdote falangista Miguel Franco Olivares violara el secreto de confesión para conseguir nuevas detenciones, pero él mismo cita en otro lugar (“La guerra civil”, en Historia de Zamora, tomo III. La edad contemporánea, Zamora, I.E.Z. Florián de Ocampo, 2001, pp. 577-651) un informe del propio Miguel Franco en el que emplea las confesiones obtenidas de maestros y estudiantes en trance de ser ejecutados como indicios incriminatorios contra José Datas, profesor de la Escuela Normal.
19. El capellán de la prisión era en aquellos momentos Anastasio Antón, y Mateos, pese a negar algunos términos que Palmira Sanjuán le atribuye en sus sermones, admite “sus duras pláticas” (La Opinión, 03/04/2005).
20. Esta última afirmación es falsa, pues en la búsqueda no se produjeron víctimas y los buzos no fueron obligados a participar. Lo que sí es cierto, y el propio Mateos lo confirma en su tesis doctoral, es que varias personas fueron asesinadas por su participación, real o supuesta, en el lanzamiento al río de esta estatua, que fue uno de los caballos de batalla de la política zamorana durante la República (que el periodista franquista Rufo Gamazo todavía intentó revitalizar poco antes de su muerte, denunciando el agravio histórico que suponía que la efigie del gran inquisidor estuviera en un lugar menos visible que, por ejemplo, la de Herminio Ramos).
21. Al parecer, la mayor de las hermanas Flechoso, asesinadas el 30 de noviembre de 1936, tenía en realidad 17 años (Marisol López, “Un tiro en la nuca a la inocencia”, en La Opinión, 12/10/2008). La detención y asesinato de estas hermanas adolescentes han sido explicados también por John Palmer en “La represión durante la Guerra Civil desde los datos del Libro de Cementerio de Zamora: primeras conclusiones”, en II Congreso de Historia de Zamora, IEZ Florián de Ocampo-UNED, 2008, tomo III, pp. 357-371.
22. Efectivamente, las hermanas Figuero de la Torre y su madre permanecerían en la prisión provincial hasta 1938.
23. Es posible que en este párrafo la autora haya confundido el apellido de la víctima y quiera referirse a Tránsito Álvarez Muriel, asesinada el 17 de noviembre de 1936 (oficialmente, entregada para su traslado a la cárcel de Bermillo).
24. Juana Ramos, de 50 años, viuda de Víctor Alonso, fue asesinada el 12 de noviembre, y tres de sus hijos fueron ingresados en el hospicio provincial.
25. Es probable que se refiera a Santiago Carnero Ramos, vicepresidente de la agrupación socialista de Zamora, asesinado en su domicilio junto a su mujer y su suegra el 9 de septiembre de 1936, por un grupo de guardias de asalto y falangistas a los que opuso resistencia (entre ellos, Martín Mariscal, según la investigación de Manuel González Hernández recogida en La Opinión, 16/06/2013).
26. Se refiere a Isaac Silva y a su esposa Sebastiana Tobal, asesinados el 4 de noviembre y el 20 de octubre de 1936, respectivamente.
27. Se refiere al Partido Republicano Conservador, por el que Viloria fue elegido en abril de 1936 compromisario para la elección de Presidente de la República.
28. Eugenia Sebastián Iglesias, viuda de 40 años, ingresó en la cárcel el 10 de noviembre y el día 13, tras haber sido entregada a José Avedillo Brioso para su traslado a la cárcel de Bermillo, fue “encontrada muerta”. Mateos (La Opinión, 04/04/2005) niega que los falangistas tuvieran acceso a las celdas de las detenidas, pero como en otras ocasiones, no aporta más pruebas que su fe en la honorabilidad de unos funcionarios de prisiones de los que no debemos olvidar que colaboraron con la política de exterminio de la dictadura y que no impidieron la saca de penados que cumplían condenas de prisión, sin olvidar la circunstancia de que la plantilla de funcionarios, afectada por las destituciones gubernativas de los primeros meses de la guerra, fue reforzada precisamente con falangistas como Valeriano Elvira. Permítasenos señalar que cuando el director Justo Herráiz, y los oficiales de servicio en rastrillos e interior -Julio Borrego, Santiago Calvo y Benjamín Castaño, por ejemplo- firmaban diligencias de salida de detenidos gubernativos o de penados que cumplían condena, lo hacían con plena conciencia de que los estaban entregando para su asesinato. En sentido contrario, en una entrevista realizada durante la elaboración de nuestro trabajo Políticas de género en Zamora durante el franquismo (1931-1945) (inédito, realizado para el IEZ Florián de Ocampo en 2003-2005), la hija y hermana de dos detenidas que compartieron celda con Pilar Fidalgo nos confirmó que en el módulo de mujeres (por llamarlo de alguna manera) de esta prisión provincial sí se producían entradas de falangistas y abusos sexuales contra detenidas.
29.Pilar destaca aquí los nombres de dos de los más conocidos pistoleros falangistas de Zamora. Sólo entre los detenidos de la cárcel de Zamora, Martín Mariscal firmó los recibos de entrega para la conducción de más de un centenar de detenidos que posteriormente aparecieron muertos y Segundo Viloria de la de una treintena, contar las acciones de ambos en otras cárceles y sus operaciones en otras localidades, que incluyeron ejecuciones sumarias de detenidos que no pasaron por la prisión, por lo que no se conservan recibos de entrega con sus nombres. No obstante, no serían los únicos: por encima de ellos destaca José Avedillo Brioso, y también se significaron en este aspecto el sargento Luis Valera Nieves y camisas viejas como Juan Luis Rodríguez García o Manuel Girón, por no citar otros nombres sobradamente presentes en la tradición oral zamorana. El modus operandi de estas sacas y los nombres de sus protagonistas más destacados han sido ejemplarmente desvelados por Miguel Rodríguez Ufano en “Zamora, prisión provincial, 1936”, y por John Palmer en “La documentación de la prisión del partido de Toro y la represión en la retaguardia zamorana, 1936-1938”, ambas comunicaciones publicadas en Blanco Rodríguez, Juan Andrés (coordinador), A los 70 años de la guerra civil española. Actas del encuentro celebrado en Zamora. 21 y 22 de diciembre de 2006, Zamora, UNED, 2010, pp. 371-379 y 382-402, respectivamente.
30. Se refiere a la maestra Engracia del Río de la Vega, de 27 años, asesinada el 27 de septiembre de 1936, a María Salgado, modista de 23 años, y Carmen Iglesias, de 17 años, asesinadas el día 29. El mismo día que Engracia fue asesinada también Graciliana Calvo Toledo, de 26 años, en circunstancias que conocemos bien gracias al testimonio de su hija Tránsito Luis Calvo (recogido por Begoña Galache en “El legado de la niña de la guerra”, en La Opinión, 05/08/2008). Mateos se equivoca al rectificar a Fidalgo afirmando que estas no fueron las primeras asesinadas de la cárcel, y que las precedió María Garea (cuyo apellido transcribe “García” por error, en La Opinión, 03/04/2005: incluso da una fecha errónea, el 18 de septiembre), cuando murió, como ya hemos visto, el 7 de octubre.
31. Mateos (La Opinión, 03/04/2005) niega que los falangistas que intervinieron en estas operaciones frecuentaran la iglesia, pero por otra parte afirma que sus párrocos no los felicitaban sino que “los recriminaban sus indignos delitos”. Si esta supuesta recriminación no se producía en el ámbito –supuestamente secreto- del sacramento de la penitencia habría que atribuirle un carácter público, del que jamás se han divulgado pruebas ni testimonios
32. Es comprensible que Amparo Barayón reprochase a Miguel Sevilla su situación, no como denunciante, ni tampoco por atribuirle tanta influencia como para conseguir su puesta en libertad, sino por el abandono que Amparo sufrió en la cárcel, por parte de su familia, cuyo cabeza era en ese momento el propio Miguel Sevilla.
33. [Nota de la edición francesa: “Sus dos hermanos habían sido ya asesinados”]. Nota del traductor: Antonio el 28 de agosto (tras ser entregado a un grupo de falangistas dirigido por Juan Luis Rodríguez), Saturnino el 18 de septiembre (por un grupo de falangistas, guardias civiles y guardias de asalto), y la propia Amparo, la noche del 11 de octubre (tras ser entregada a un grupo de falangistas dirigido por Martín Mariscal).
34. Teresa Adán, de 34 años, fue asesinada el 17 de noviembre.
35. No es reprochable que con la información de la que disponía Pilar Fidalgo al salir de la cárcel en 1937 se atreviese a aventurar esta cifra, cuando a las alturas de 2014 los numerosos investigadores de la represión franquista en esta provincia seguimos sin ser capaces de dar cifras ni siquiera aproximadas, oscilando en una horquilla que va desde los 1.237 nombres incorporados al sumario del exjuez Garzón, pasando por los algo más de 1.400 que hemos podido recopilar hasta la fecha, por los 1.500 que aventuraba ARMH Zamora en 2008 y por los entre 2.000 y 3.000 que calcula Cándido Ruiz (El Norte de Castilla, 06/05/2001), hasta los 4.500 que resultan del cálculo de Miguel Ángel Mateos (La Opinión, 03/04/2005) al reducir la cifra de Fidalgo “en un 25%”.

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“La democracia más miserable de Europa, es la democracia española” / Juan Vallejo

Por Juan Vallejo / Burgos digital

Hace unos meses, en el Auditorio Pablo Iglesias de la UGT, en Madrid, en una charla coloquio que sostuvimos los miembros de la Memoria Histórica, el hispanista y escritor irlandés Ian Gibson, autor entre otras biografías de la de Lorca y Machado, comenzó su disertación de este modo: “La democracia más miserable de Europa, es la democracia Española”. Nacionalizado español, Gibson seguidamente, apostilló: “un país que tiene en sus cunetas y montes miles de fusilados de la Guerra Civil, no es un país democrático ni decente”.

En el escenario actual de esta España irredenta, en la que el Presidente del Gobierno miente descaradamente en el Congreso, alegando que él no ha hablado ni apoyado al delincuente Bárcenas, procurador y conseguidor de cientos de millones a través de mordidas e impuestos a los constructores de grandes obras para llenar de podredumbre las arcas del PP, cuando la realidad manifiesta es que le respaldó en sus delitos dignos de la más alta escuela mafiosa, en la que aprendieron sátrapas y sinvergüenzas como los Pujol y los sindicalistas y dirigentes andaluces, prebostes de la UGT y de la Junta de Andalucía, entre otros miles de ladrones que pueblan Ayuntamientos y comunidades de este país en donde Al Capone sería un pobre ladrón.

Y viene esto a cuento de las mordidas de Aparicio, Peña San Martín, relatadas en las listas de Bárcenas, al cual le han dejado como un apestado en la estacada. Cómo no iba a seguir trincando el defenestrado alcalde Peña, si por los años ochenta actuó prevaricando contra los intereses de Burgos en favor de otro pájaro de cuidado, el Jefe Méndez. Aún recuerdo las marchas de ciudadanos burgaleses a la Audiencia de Madrid, encabezadas por el canónigo Murugarren y otros estómagos agradecidos del delincuente, para pedir el indulto de semejante individuo, en tanto que el concejal Cristino recogía firmas para librar de la cárcel al hombre que más desprestigio ha causado a la ciudad de Burgos, dejando el estigma de una de las ciudades pioneras en esto de la corrupción, de la que salieron como hongos miles de alumnos que ahora se devanean por los juzgados de España.

La miserabilidad de nuestra democracia, no sólo está nutrida por el exterminio y holocausto de los demócratas republicanos, desperdigados por los páramos y montes de Estépar, la Pedraja, la Andaya, etc. sino por estos ladrones por los que la codicia se enseñorea y por donde políticos, alcaldes y concejales, clerigalla y raleas por el estilo se pelean por acercar sus lavativas y palanganas a la vera de estos mangantes. Lo triste de este espectáculo, que en Europa tiene la marca España, es que el daño causado es irreversible. Esta empatía de corrupciones, es una peste inexorable que cunde como la maldad y pervierte la realidad de los jóvenes, que ya no se fían de esta casta tan peligrosa como mortal.
Las redes de familias colocadas en los abrevaderos oficiales: léase Ayuntamientos, Juntas, Diputaciones, etc, no son otra cosa que un cáncer en ciudades como Burgos en donde todo lo que concierne a la salud social, a priori, está dañado. Recuerden Galicia; repasen las sinecuras de cualquier municipio español. No se salva nadie. Es un país democráticamente miserable. Por muchos motivos devenidos de la Guerra Civil y del enquistamiento en el poder de las dos joyas políticas que alternan la corrupción, PP y PSOE. Desde sur a norte pasando por Levante, el hedor es insoportable. Queda un solar cuajado de servicios y servidores de los que Europa se abastece para sus cosechas; miren si no a algunos de sus representantes tipo Cañete, que con su machismo indecente tiene parangón con otro alcalde castellano repugnante, el de Valladolid.
Recuerdo un artículo de Javier Marías, en el que comentaba el espectáculo de ratas que, bajo su ventana ( vive al lado de la Plaza Mayor de Madrid ), se paseaban por el granito de las aceras y alcantarillas, en tanto que riadas de turistas pululaban por los restaurantes aledaños. O la inefable Botella haciendo el ridículo por Europa vendiendo un café con leche en la Plaza Mayor.
Si la democracia más miserable de Europa es la de España, no le va a la zaga Burgos con sus ayuntamientos y prensa licuados desde una corrupción que ha hecho paradigma en el país.
Un breve ejercicio mnemotécnico les dará a ustedes idea de la dentellada mortal que Franco infligió a España desde Capitanía General, trayendo como emblema al General Yagüe. Lean si no, el magnífico libro de Villaplana, Doy fe, donde relata la terrible muerte por fusilamiento de nuestro paisano, el músico Antonio José y de su hermano. O el documentado libro de Luis Castro, Burgos Capital de la Cruzada. O pulsen los testimonios y experiencias de los compañeros de la Prisión Central (la Universidad de Burgos) de miles de presos fusilados por los parajes de Burgos, dejando la provincia sembrada de demócratas asesinados vilmente, un crimen que no prescribe jamás y que está pasando una factura contumaz a la cultura de Burgos que no puede levantar cabeza ya que los prebostes, en su mayor parte, vienen siendo hijos, nietos, parientes de los asesinos. Segovia.

En un artículo de Carolina R. Tenaz, a raíz de los sucesos de enero acaecidos en Burgos, editado en Burgos Dijital, hacía un cabal estudio del daño irreversible que el Diario de Burgos vertía sobre la ciudad y su paisaje humano. La alternativa es la no cultura. Funde la megalomanía de los alcaldes y Cajas de Ahorros, hasta ahora cuevas de Alí Babá, con la involución más abyecta. La Fernán González, por ejemplo: un muermario del medioevo que tiene, como la Diputación, todas sus sesiones presididas por un enorme crucifijo, a estas alturas, lo que dice mucho de los diputados y académicos que mamonean de la entidad todo lo que se mueve. No queda un escritor o artista que se precie por estos lares. La diáspora es inmensa. Permanecen, eso sí, los del botafumeiro y el aguamanil, capaces de pulir las coronillas y artejos de sus mentores, a los que pagamos todos los burgaleses. ¡Cuántos profesionales excelentes han abandonado Burgos! También honestos funcionarios que no aguantaban más el reflejo denigrador de algunas administraciones.
Tan infausto escenario, por el que circula esta ralea, desanima a los jóvenes, a los que tienen alguna inquietud y que no ven otra alternativa que entrar en la escolástica de Méndez Pozo o en el botafumeiro de la secta del Opus Dei, sustitutos de los seminarios y cuarteles que antaño sembraban Burgos, la comunidad castellana que más sufre el destierro de su juventud. Mas no se preocupen ustedes por esta seudodemocracia provinciana, instalada cual muñeca rusa dentro de otra tan ruin como la que evocaba el amigo Gibson, porque en su entraña, otra germina. Ya lo está haciendo, su letargia es tan sutil que apenas se percibe en el ambiente, no da ruido.

Duele Burgos. Uno tiene aquí a sus muertos y aunque uno lleve muchos años fuera, seguir observando este panorama, no deja de ser el fracaso de uno mismo que, de forma inexorable, observa cómo algo de su vida se ha esfumado sin dejar rastro.

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Himno de los Guerrilleros de Unión Nacional (1944-45)

Por llanuras y montañas,
guerrilleros libres van,
los mejores luchadores,
del campo y de la ciudad,
los mejores luchadores,
del campo y de la ciudad.

Ni el dolor ni la miseria,
nos impedirán vencer,
seguiremos adelante,
sin jamás retroceder,
seguiremos adelante,
sin jamás retroceder.

Las banderas de combate,
como mantos cubrirán,
a los bravos guerrilleros,
que en la lucha caerán,
a las bravas guerrilleras,
muertas por la libertad.

Que el futuro no se olvide,
de cual fue nuestra misión,
acabar con el fascismo,
que en España se instauró,
acabar con el fascismo,
que en España se instauró.

Venceremos al fascismo
En la batalla final
Camaradas muera franco
Viva la Unión Nacional!!!!
Camaradas muera franco
Viva la Unión Nacional!!!

Versión

Versión de El Comunero

Versión en directo de El Comunero

  • ORDENANZAS GUERRILLERAS
  • REPÚBLICA ESPAÑOLA

ORDENANZAS GUERRILLERAS DE ZONA “M” DE UNIÓN NACIONAL (REGLAMENTO DE ORGANIZACIÓN Y TÁCTICA GUERRILLERA), POR EL JEFE DE DICHA ZONA, COMISARIO ADOLFO REGUILON “EUBEL”

POSICION “ISABEL” DICIEMBRE DE 1945

CAPITULO PRIMERO – DEL GUERRILLERO

  • Art.1º – El guerrillero es el más bravo paladín de las libertades populares, y su presencia en el monte representa la fe absoluta del pueblo en la derrota de la tiranía.
  • Art. 2 – Su lucha es a vida o muerte contra el Tirano.
  • Art. 3 – Sus cualidades esenciales: El valor, la decisión rápida y serena, la voluntariedad en todo momento, la dureza física, la abnegación, la disciplina con iniciativa propia y la paciencia comprensiva ante sus camaradas.

CAPÍTULO II – DE LAS BASES

  • Art. 4 – Las Bases Guerrilleras deben situarse en lugares dominantes, no poblados ni pasajeros, de difícil acceso par el enemigo y cuyas entradas pueden observar y batirse; entre monte y piedras.
  • Art. 5 – Deben constar de dos o más posiciones que puedan apoyarse y defenderse mutuamente en caso de combate.
  • Art. 6 – Del amanecer al anochecer deberán montarse cuantas guardias sean precisas. De noche, imaginarias.
  • Art. 7 – Cada persona que esté en la Base, debe tener asignado, aunque permanezca en ella poco tiempo, su puesto de combate y posible punto de concentración en caso de retirada.
  • Art. 8 – Todos los guerrilleros deben conocer personalmente la topografía de las inmediaciones de la Base y los posibles puntos de repliegue, así como las señales y contraseñas para identificación.
  • Art. 9 – Debe nombrarse diariamente un jefe de posición, responsable.
  • Art. 10- No se debe tener ningún cariño o apego a las Bases posiblemente descubiertas.

CAPÍTULO III- DE LAS POSICIONES DE ETAPA

  • Art.11 – Para “hacer día” se elegirá principalmente la posición menos sospechosa para el enemigo, bien cubierta a la vista y que permita observar la mayor cantidad posible de acceso.
  • Art.12 – Se cuidará especialmente que nadie pueda observar la entrada a la posición de etapa, de las fuerzas que allí vayan a pasar el día.
  • Art.13- Permanentemente habrá algún Guerrillero alerta.

CAPÍTULO IV – DE LAS PISTAS

  • Art. 14º – Será preocupación permanente de los guerrilleros el no dejar muestras de su paso por ninguna parte, y especialmente por las inmediaciones de las posiciones.
  • 
Art. 15 – Los rastros, cuando se pase por rutas peligrosas y donde se vaya a acampar, procurarán borrarse, arrastrando el último una rama, pisando todos en el mismo sitio, etc.
  • Art. 16 – Al abandonarse cualquier posición, deberán quedar convenientemente escondidos todos los trozos de papel, residuos, etc.; camuflándose con hojas o lo que tuvieren anteriormente las camas y veredas de acceso.

CAPÍTULO V – DE LAS CENTINELAS

  • Art. 17 – Toda la táctica guerrillera se concreta en sorprender siempre al enemigo sin ser jamás sorprendido por él, y esto depende en gran medida del servicio de guardia y del celo que cada guerrillero ponga en su prestación.
  • Art.18 – En las Bases se eligirá como la más delicada de las operaciones, el puesto o puestos de guardia.
  • 
Art.19 – Si los puestos estuvieran muy retirados se montará el servicio “colectivo” para evitar el aburrimiento, con dos turnos únicos de mañana y tarde.
  • Art.20 – Su cuidará de establecer un sistema de señales discreto y rápido que permita ordenar silencio, denunciar la aproximación de elementos extraños, del enemigo, etc.
  • Art.21 – Cualquier anormalidad en la guardia debe comunicarse inmediatamente al jefe de posición. Todas las observaciones se transmitirán al relevo.
  • Art.22 – De la guardia de etapa hay que sacrificar el no ver para no ser visto:en la Base se hará inversamente.

CAPÍTULO VI – DE LOS PRISIONEROS

  • Art.23 – Siempre que sea capturado un paisano será interrogado por los responsables de la fuerza, exclusivamente.
  • Art.24 – Se verificará la captura, según las horas, siempre que exista la sospecha de que el individuo o individuos en cuestión hubiesen identificado a nuestras fuerzas.
  • Art.25 – En tal caso, salvo excepciones especialísimas, hasta el comienzo de la marcha guerrillera.
  • Art.26 – Tan pronto una persna extraña sospechosa haya visto la posición debe abandonarse ésta provisionalmente en cuanto se le dé libertad.
  • Art.27 – A los prisioneros no se les harán preguntas que denoten conocimiento de personas de su pueblo, ni en cuanto a rutas; o, si fuera indispensable, se le preguntará en sitios diversos.
  • Art.28 – Debe tratárseles con consideración, cariño, haciéndoles saber que cada uno será juzgado por su pueblo, según su actuación; pero que la traición o espionaje contra las guerrillas, se paga con la vida.
  • Art.29 – Cuando sea conveniente, las Guerrillas se harán pasar por fuerzas enemigas disfrazadas.

CAPÍTULO VII – DE LAS MARCHAS

  • Art.30 – La marcha guerrillera debe comenzar, normalmente, cinco minutos después de anochecer y terminar, por lo menos, media hora antes de amanecer.
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Art.31 – Las marchas se harán en formación guerrillera: de a uno, a la distancia mínima de diez pasos por camino, y cuatro a trocha montes; en silencio, sin fumar y guardando la distancia cuando haga alto la cabeza.
  • Art.32 – El orden de marcha, será el siguiente: Primero, el guía (que siempre que sea aconsejable llevará solamente arma corta y bomba), a veinte-cuarenta pasos por delante de la formación; segundo, el jefe de la fuerza; tercero, el guerrillero que ande menos; después los demás, y, en último lugar, un guerrillero caracterizado.
  • Art.33 – El jefe deberá dar instrucciones para cada marcha, sobre: pasos peligrosos y reacciones ante el posible enemigo; repliegues, retirada y punto de concentración para casos de dispersión; señales y contraseñas de mando e identificación.
  • Art.34 – Nadie alterará ni abandonará la formación sin permiso del jefe.
  • Art.35 – Antes de comenzar la marcha deberá pasarse revista de macutos y mantas para compartir el peso.

CAPÍTULO VIII – DE LA FAGINA

  • Art.36 – Cada expedición guerrillera deberá llevar un responsable de intendencia que, de acuerdo con el Mando, administrará y distribuirá los recursos con qué se cuentan.
  • Art.37 – Siempre que sea posible el Guerrillero no tendrá tasa, aunque sí orden para las comidas.
  • Art.38 – Guerrillero mal alimentado es medio Guerrillero.
  • Art.39 – Cuando los recursos sean escasos en relación con las rutas y abastecedores, se establecerá el racionamiento igualitario

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CAPÍTULO IX – DEL SERVICIO

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Art.40 – En los turnos de servicio (cocina, guardia, imprevistos, etc) deberán entrar desde el jefe de Guerrilla para abajo.
  • Art.41 – Los mandos superiores al jefe de Guerrilla aún sin entrar en turno, ayudarán cuando sus ocupaciones especiales se lo permitan y haya menos de seis individuos en su compañía.
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Art.42 – En los actos de servicio es obligatorio el saludo militar.
  • Art.42 (bis) – En las Guerrillas se ingresa voluntariamente; pero sólo puede salirse por decisión del Mando, pues lo contrario es deserción.

CAPÍTULO X – DE LOS RECURSOS

  • Art.43º – Cuantos recursos, productos de requisas, incautaciones, multas, botín, etc., se consignan, son propiedad de la gran unidad guerrillera y serán entregadas al mando para su adecuada distribución.
  • Art. 44 – Nadie considerará de su propiedad exclusiva lo que se le entregare o él tomare como botín.
  • Art. 45 – El dinero lo transportarán por partes iguales el jefe y el delegado de la Gran Unidad; mitad que aquellos el Jefe de Estado Mayor; cantidad prudencial los jefes de guerrillas y 100-250 pesetas los guerrilleros, todo según las reservas monetarias.
  • Art. 46 – Los gastos deben justificarse, aunque sin complicaciones burocráticas
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  • Art. 47 – Los vicios se atenderán después de las necesidades.

CAPÍTULO XI – DE LOS ENLACES

  • Art. 48 – Los enlaces y agentes del llano representan todos los sentidos corporales de la lucha guerrillera, y como tales deben ser queridos y cuidados por todos los guerrilleros.
  • Art. 49 – No se les deberá exigir tareas superiores a sus posibilidades de discreción.
  • Art. 50 – Deberá tenérseles instruidos machaconamente sobre los procedimientos enemigos para capturarlos.
  • Art. 51- Como principio debe afectarse inflexiblemente la consigna de “No fiarse de ninguna guerrilla mientras no conozcan a alguno de cara”.
  • Art. 52 – Para caso de imprescindible necesidad de darles contacto con una fuerza desconocida para ellos, se les dará señales inequívocas de identificación; frases escritas en papeles partidos, etc.
  • Art. 53 – Los guerrilleros no necesitan ni deben conocer los nombres propios de los enlaces, sino únicamente el nombre de guerra que inmediatamente de aliados deben adjudicárseles.
  • Art. 54 – El guerrillero que ofende a un enlace incurrirá en falta grave.
  • Art. 55 – No se considerará que los enlaces se perjudiquen económicamente al servicio del guerrillero: bastantes son los peligros y sacrificios que tienen que arrastrar como verdaderos héroes del llano
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  • Art. 56 – Los responsables de las fuerzas guerrilleras lo son también de que en su día se compense a los abnegados enlaces todos los perjuicios e inquietudes que sufrieron en pro de la República.
  • Art.57 – A los enlaces no se les dará noticia sobre el servicio guerrillero.
  • Art. 58 – Ante los enlaces se mostrará la máxima disciplina, y no se discutirá.

CAPÍTULO XII – DE LOS ABASTECEDORES

  • Art. 59 – Nunca se encargará a ninguno, cosa que pueda infundir sospechas.
  • Art. 60 – Todos los pedidos serán condicionados por la seguridad del abastecedor.
  • Art. 61 – Se instruirá a cada uno hasta la saciedad, para soslayar peligros.
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Art. 62 – Se evitará su perjuicio económico.

CAPÍTULO XIII – DE LAS ORGANIZACIONES DE MASAS EN EL LLANO

  • Art. 63 – Las fuerzas guerrilleras sólo mantendrán los contactos imprescindibles con las organizaciones del llano, y ésto sólo a través del E.M. conjunto para garantizar su seguridad.
  • Art. 64 – Se evitará todo contacto irresponsable que pueda contribuir a la extensión de los secretos ni aunque sólo sea “a los de más confianza”.
  • Art. 65 – Se impondrá como consigna rígida la de que nadie sepa lo que no necesite para su servicio a la causa.
  • Art. 66 – No convienen “visitas de cumplido” a las posiciones fijas.
  • Art. 67 – Los contactos, salvo casos excepcionales, se mantendrán por medio de los enlaces, en clave o por notas que se destruirán apenas leídas.
  • Art. 68 – Sólo el Mando responsable deberá conocer los secretos de la organización del llano.

CAPÍTULO XIV – DE LA DISCIPLINA

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Art. 69 – La disciplina más rigurosa, el acatamiento inmediato a los mandos y el respeto mutuo entre todos los componentes de la unidad guerrillera, es esencial no sólo para el cumplimiento de los objetivos de la lucha, sino también para la propia seguridad personal de todos los combatientes.
  • Art. 70 – Todo germen que ataque a los principios antes expuestos debe ser reprimido inexorablemente; y sus reincidentes serán expulsados, por indeseables, de las filas guerrilleras.
  • Art. 71 – La disciplina debe ser consciente; pero no por ello se ha de tolerar al inconsciente su labor destructora. Antes al contrario, se le impondrá razonablemente en primer lugar por los mandos, y después por todos los guerrilleros sensatos.
  • Art. 72 – Todas las reclamaciones se harán por conducto regular.
  • Art. 73 – Las iniciativas guerrilleras deben ser comunicadas por sus autores exclusívamente al mando a título de ideas por si conviene a su ejecución.
  • Art. 74 – Cualquier queja de un compañero se hará ante el propio interesado, y toda maledicencia por la espalda será sancionada con desprecio general, o juzgada por el Tribunal de Camaradas.
  • Art. 75 – Los mandos, en el aspecto particular pueden ser juzgados por el Tribunal de Camaradas, pero en el terreno militar sólo pueden enjuiciarlos sus superiores.
  • Art. 76 – El tribunal de camaradas lo compondrán; por sorteo, un mando y dos guerrilleros no afectados, presidiendo el mando.
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Art. 77 – El Consejo de Guerra para juzgar las faltas militares, lo compondrán, tres miembros de igual o superior categoria que en inculpado y un representante guerrillero.
  • Art. 78 – Las sanciones serán ejecutivas inmediatamente, aunque pueda recurrise después a la superioridad.
  • Art. 79 – Los delitos ante el enemigo debe sancionarlos personalmente el mando, dando cuenta después.
  • Art. 80 – El mando tiene la obligación de mandar, como el subordinado al tiene de obedecer.
  • Art. 81 – El responsable que no sea capaz de hacerse obedecer, debe pedir al E.M. su sustitución para evitar la descomposición de su unidad, por exceso de mandos irresponsables.
  • Art. 82 – El mando guerrillero ha de ser, por lo menos, audaz y enérgico.
  • Art 82(bis) – El desertor es reo de muerte.
  • Art 82(tris) – El traidor, morirá.

CAPÍTULO XV – DE LAS OPERACIONES

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  • Art. 83 – Toda la táctica guerrillera se concreta en “sorprender al enemigo eligiendo lugar y tiempo para la acción”.
Art 84 – No debe operarse en el área de las bases.
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Art. 85 – Se extenderá al máximo la zona de operaciones no golpeando repetidamente sobre el mismo sitio salvo en el caso de necesidad de mantener fuerzas enemigas en determinados puntos lejanos a las bases (diversión).
  • Art. 86 – No se mantendrán rutas permanentes por caminos ni carreteras.
  • Art. 87 – Al tomar contacto con personal civil durante operaciones, se procurará la máxima corrección y ejemplaridad.
  • Art. 88 – La guerrilla, siempre que sea posible, no se presentará completa ante ninguna persona desconocida; siempre deben quedar (y cuando no, simularse) fuerzas ocultas; de manera que al denunciarlo al enemigo, éste no pueda saber el número exacto de combatientes, armamento, etc.
  • Art 89 – Se procurará por todos los medios confundir y despistar al enemigo, respecto de los movimientos e intenciones guerrilleras.
  • Art. 90 – Comenzado un combate, las guerrillas mostrarán su superioridad moral, dando vivas, cantando sus himnos, etc.
  • Art 91 – Cada guerrillero deberá llevar su bandera, que desplegará durante las operaciones.
  • Art. 92 – De la energía que se despliegue en el primer momento, depende todo el curso de la operación guerrillera. Es decir: se procurará dar una impresión desarrolladora, al principio, dulcificando después el tono a medida que el curso de la operación y la clase de personas lo vayan requiriendo.
  • Art. 93 – En los combates, pasada la primera descarga, sólo se disparará sobre objetivos visibles: la munición es el mejor tesoro del guerrillero.
  • Art. 94 – La ley guerrillera es la ofensiva; la defensiva es la muerte.
  • Art. 95 – Encubrir los objetivos encomendados, éste es el principal honor del guerrillero.

CAPÍTULO XVI – DE LA MORAL GUERRILLERA

  • Art. 96º – Previsión, audacia,dureza y dulzura son las virtudes cardinales del guerrillero en todas sus acciones.
  • Art. 97 – El guerrillero no se dejará dominar por ningún vicio no por otra consideración de ninguna clase, que la lucha más eficaz contra la tiranía.
  • Art. 98 – Desterrarán de su lenguaje toda violencia inútil, y jamás elevará la voz más de lo imprescindible para que se le oiga.
  • Art. 99 – Palabra guerrillera debe equivaler a verdad inconmovible.
  • Art. 100 – Guerrillero charlatán es mal guerrillero.
  • Art. 101 – El “escurrir el hombro”, la pereza, el ansia en las comidas u demás marrullerías, son vicios anti-guerrilleros, que se ven a la legua.
  • Art. 102 – La protestomanía, el querer saber e intervenir en todo, y la propuesta o auto-decisión de operaciones absurdas, indican, cuando menos, insensatez.
  • Art. 103 – Cualquier miedo, es mucho; toda precaución es poca.
  • Art. 104 – La confianza es la muerte del guerrillero. El alarmismo es el infierno permanente. Así pues, la norma justa será: SERENIDAD Y DESCONFIANZA. EL ENEMIGO ACECHA.
  • Art. 105 – El guerrillero debe ser aseado. Un sólo descuidado puede llenar a los demás de miseria. Para evitarlo, cada jefe de guerrilla, pasará revista de ropa cada semana.
Art. 106 – Ningún guerrillero debe caer vivo en poder del enemigo. Su última prueba de heroismo debe consistir en saber morir, cuando es inevitable, vendiendo cara su vida.
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Art. 107 – El buen guerrillero será siempre voluntario para el sacrificio o el trabajo.
  • Art. 108 – La vida de los guerrilleros es el tesoro de la Patria.
  • Art. 109 – La Patria adoptará como la más honrosa de sus obligaciones la de premiar, por sus servicios, a sus valientes, abnegados y nobles hijos guerrilleros.

Al servicio de la República Española, en la Sierra de Gredos, a tres de septiembre de mil novecientos cuarenta y cinco.
 ADOLFO REGUILON “EUBEL”
Jefe de la Zona “M”.

Yo, al estampar aquí mi firma, declaro haberme leído y ofrecido ampliación de todos y cada uno de los ciento nueve artículos (visados los treinta y nueve y cuarenta y dos, y tri el ochenta y dos) de que constan las presentes ordenanzas; con los cuales estoy conforme.
Y de antemano pido para mí, si dejare incumplido alguno, el castigo correspondiente, incluso la pena de muerte.

Al servicio leal de la República Española.

(Texto mecanografiado.)

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