Carmen Ferreras y los fusilamientos

Carmen Ferreras y Alfonso Ussía

El origen de la historia es bien conocido. El cineasta Teo Manuel Abad rodó un documental titulado Flores tristes, en el que se narraba la historia de José Valls Casanova y Luis Messeguer, ejecutados extrajudicialmente por la Guardia Civil en Borriol (Castellón) en 1938. El director estimó conveniente incluir una reconstrucción dramatizada del fusilamiento, para lo que empleó actores disfrazados de guardiaciviles y de campesinos republicanos. Una fotografía del rodaje fue publicada en Facebook, varios centenares de internautas desprevenidos (por lo visto, hasta 400 personas) la compartieron y muchos la comentaron, ya fuese para denunciar la represión franquista o, en el caso de los inevitables trolls, para defender a la Benemérita o exigir que se hablase de Paracuellos. No pocas personas la tomaron por una imagen cierta, pese a lo inverosímil de que a aquellas alturas de la “guerra civil” se permitiera fotografiar fusilamientos en la retaguardia franquista, sin contar con detalles como la sospechosa claridad de la imagen o la presencia de un tejadillo de chapa trapezoidal inventado después de la muerte de Franco. Finalmente, el responsable de su publicación la retiró, tras advertir que se había convertido en un fenómeno viral. En mayo de 2013, Pep Masip se hizo eco de la historia en su blog, y todo hacía pensar que este incidente tan lamentable como contraproducente podía darse por zanjado y que poco más se podía decir al respecto.
Sin embargo, no ha sido así. Si Facebook es el reino de la vanidad, Twitter es el imperio de la ignorancia más atrevida, así que el fake ha seguido circulando, alimentando la indignación de los antifranquistas menos informados y, de rebote, haciendo el juego a los negacionistas. A finales de agosto, el alcalde de El Coronil (Sevilla) compartió en su cuenta de twitter el fotograma, con un comentario que revela tanta indignación a destiempo como indigencia léxica: “yihadistas asesinos”. Antes de faltar al respeto a nadie, debemos recordar que, según la Asociación Andaluza Memoria Histórica y Justicia, en esa localidad los franquistas mataron a no menos de 71 vecinos. Sólo eso debería bastar para que alguien que ha llegado a alcalde se tomara en serio la historia del pueblo en el que gobierna, y se molestara en documentarse bien. También conviene recordar que muchísimos mandos y números de la Guardia Civil intervinieron activamente en la represión franquista, desde el primer momento –cuando el estado de guerra había sido proclamado por una autoridad sin legitimidad para ello-, que ya antes del 18 de julio este cuerpo había causado, con su uso excesivo de la fuerza, la mayor parte de víctimas de la violencia política del período republicano –ese “desgobierno” que muchos usan todavía para justificar el Alzamiento-, y que siguieron haciéndolo tras el final de la “guerra civil”, cometiendo innumerables excesos contra la población civil bajo el pretexto de la lucha contra huidos y guerrilleros. Ya que la mayoría de los trolls consideran plenamente justificable el comportamiento de miembros de la Benemérita como Pavía, Tejero, Castillo Quero o Rodríguez Galindo, los invitamos a que antes de ceder al reflejo pavloviano de salivar con el verde y ladrar al rojo revisen, aunque sólo sea para comprobar que no todo el monte es orégano, la trayectoria del coronel Gómez Cantos, y especialmente el trato dispensado a sus subordinados en Mesas de Ibor (Cáceres).
Hasta aquí, los hechos probados, y en este momento comienzan los juicios de valor. Si hasta ahora teníamos una historia lamentable, que parecía confirmar el dicho de que el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones, siempre hay alguien cuya miseria moral y desvergüenza intelectual pueden envilecer todavía más un debate público, y si hay alguien especialista en ello se llama Carmen Ferreras y tiene en La Opinión-El Correo de Zamora una columna diaria titulada “Zamoreando”. Desconocemos el sentido del verbo zamorear, pero en vista de las cosas que se publican en esa columna, debe ser una cosa muy fea, del mismo campo semántico que balcanizar o sodomizar, pongamos por caso. Escuchando su voz engolada en la COPE o en sus empalagosas presentaciones de conferenciantes, podríamos tomarla por un personaje provinciano inofensivo y hasta entrañable –en la medida en que sean entrañables los braseros de cisco, las sotanas con olor a sudor rancio o las vaquillas desmochadas-, y de hecho, hubo un tiempo en que se limitaba a transcribir en el Correo de Zamora los precios del mercado de abastos, y a hacer una crónica social de andar por casa, del tipo de “qué guapa iba Menganita por Santa Clara, con ese vestido que se compró en la boutique Conchita” (qué tiempos, aquellos en los que para enterarse realmente de lo que ocurría en Zamora -por ejemplo, el Caso Zamora- había que comprar periódicos de fuera). Sin embargo, algo ocurrió en la vida y en la mente de esta mujer –y no entraremos en cotilleos provincianos-, que la llevó de ser una gacetillera inofensiva a pergeñar una columna que hace que sus compañeros de la COPE parezcan civilizados, y a coordinar un foro de conferencias (“El Club de la Opinión”) por el que, a modo de ejemplo, Pío Moa ha pasado ya en dos ocasiones exponiendo lo que Carmen Ferreras presenta como valientes y novedosas revelaciones sobre la “guerra civil”.
El caso es que Carmen Ferreras posó su regia atención en el alcalde de El Coronil, y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, y que el mismo día que Jerónimo Guerrero publicó su desafortunado (léxicamente) e inoportuno tweet, enterraban a tres guardiaciviles muertos en accidente, nuestra columnista decidió zamorearlo, lo que en esta ocasión consistió en llamarlo “hijo de puta”, con todas las letras, acusarlo de insultar a los guardiaciviles víctimas de ETA (“cientos de ellos por uno de nosotros”, parece que en matemáticas no llegó a las divisiones), y reclamar “fusilarle de inmediato haciéndole dimitir de su cargo con todas las consecuencias” (no podemos presumir en qué orden, ya que el franquismo fue especialista en expedientes sancionadores y destituciones postmortem).
Para quien no la haya leído, debemos recordar que sólo hay dos cosas sagradas para Carmen Ferreras (aparte del Real Madrid y de George Clooney): el PP y la Guardia Civil. Todo ello, bajo una coartada infalible: la memoria de las víctimas del terrorismo. Llevando al extremo el argumentario de los Mayor Oreja y compañía, nuestra ménade particular ha ampliado el concepto de entorno de ETA hasta incluir en él al 60% del electorado español, y es capaz de venderle a la dirección de su periódico una columna consistente en un listado de víctimas de ETA, en la que homenajea a gente como Melitón Manzanas, Carrero Blanco o Ynestrillas sénior. Su concepto de estar bien informada y documentada consiste en copiar bien los nombres de las víctimas a las que quiere homenajear, y así, cuando algún innominado grupúsculo palestino secuestró y asesinó a tres colonos adolescentes, ella se tomó el –suponemos, ímprobo- trabajo de transcribir sus nombres y apellidos para convencer a sus lectores de que a todos podría ocurrirnos lo mismo. Por el contrario, no hizo el menor comentario cuando, pocos días más tarde, varios colonos secuestraron y quemaron vivo a un niño palestino (ya sería demasiado pedirle compasión por los centenares de niños palestinos víctimas de los bombardeos israelíes de las semanas posteriores). No son olvidos casuales sino omisiones conscientes y deliberadas, de la misma forma que se muestra inflexible para denunciar los casos de corrupción del PSOE, de los sindicatos de clase y de los nacionalistas catalanes y vascos, mientras que, por el contrario, Jaume Matas y Luis Bárcenas no fueron mencionados en sus filípicas hasta que dejaron de pertenecer al partido.
Las especialidades de Carmen Ferreras son el insulto y el doble rasero moral. El insulto, por supuesto, no lo lanza a la cara sino en la variedad de lanzada a moro muerto, pues es poco probable que el alcalde de un pueblo andaluz lea una columna de La Opinión-El Correo de Zamora, y menos probable todavía que en el caso de leerla perdiera su tiempo y su dinero en interponer una querella contra una señora de mediana edad aparentemente inofensiva cuya forma estridente de repetir consignas generará en lectores desprevenidos la sensación de enfrentarse a alguien privado de sus facultades mentales. Y lo mismo sirve para políticos nacionalistas catalanes o vascos, o para dirigentes nacionales de Izquierda Unida o de Podemos, o para jugadores del Barça, o para actores de la Zeja, que a todos ha dirigido sus insultos y sus acusaciones de complicidad con el terrorismo, sin que ninguno, hasta ahora, se haya dignado llevarla a juicio, y eso que los “hijo de puta” y los deseos de muerte abundan en la despensa de doña Carmen. Está visto que en la prensa zamorana no hay término medio: o se hace política de campanario, del tipo de “a ver si desatascan el urinario de la plaza tal”, o se emiten juicios morales sobre la vida y la muerte de habitantes de partes del mundo que muchos de sus lectores apenas podrían situar en el mapa.
El doble rasero moral se basa chez Carmen Ferreras en un orden de prioridades basado en la jerarquía de víctimas: hay víctimas de primera (las víctimas de ETA, del GRAPO, de las FARC y de Hamás), de segunda (las víctimas no judías del terrorismo islamista), de tercera (las de la “violencia machista” y las de la delincuencia común en general), y de cuarta categoría, indignas siquiera del nombre de víctimas, y donde entrarían, por ejemplo, los palestinos, las víctimas del franquismo, las de accidentes laborales (siempre que no sean guardiaciviles), o los suicidados tras perder la casa o el empleo (a los que se puede subir de categoría si gobierna el PSOE). Después, hay casos especiales: por ejemplo, Isabel Carrasco estaría entre las víctimas de primera pese a haber sido asesinada por una compañera de partido. Y por supuesto, el obtuso orden de prioridades morales de Carmen Ferreras se materializa constantemente en comparaciones odiosas: por ejemplo, hace unos meses contraponía el coste de la exhumación de víctimas del franquismo con el –para ella, prioritario-, de la búsqueda del cuerpo de Marta del Castillo. No estamos hablando de los desvaríos de un personaje marginal: quien llama, un día sí y otro también, hijos de puta o cómplices del terrorismo a personas con nombre y apellidos, cuenta con amplios espacios en medios de comunicación de amplia difusión; quien justifica el asesinato de cientos de niños palestinos ha contado reiteradamente con la confianza de UNICEF para representarla ante la sociedad zamorana.
Así pues, cuando Carmen Ferreras habla de fusilar al alcalde de El Coronil, o de hacerle dimitir por insultar no al cuerpo de la Guardia Civil sino a unos guardiaciviles concretos –los que en 1936 antepusieron la “obediencia debida” a sus superiores a la lealtad al orden constitucional vigente, que no fueron todos, y hay honrosas excepciones-, no está limitándose a desbarrar sino que está asumiendo una postura moral de la que debemos considerarla plenamente responsable. Si ETA mató guardiaciviles entre 1968 y 2009, ¿hay que considerar víctimas de ETA a los guardiaciviles que fusilaron gente en 1938? ¿y a los que mueren en accidente en 2014? (esta lógica, que en las columnas de Carmen Ferreras parece fácil de caricaturizar, no está muy lejos de la esgrimida por Aznar al homenajear a Melitón Manzanas, diciendo que “si hubiera vivido en nuestros días, habría sido un defensor de la democracia”). Al parecer, Carmen Ferreras lo tiene claro: recordar a una víctima de ETA de hace 46 años implica atribuirle automáticamente superioridad moral por las circunstancias de su muerte y hacer extensiva esta superioridad moral a todos sus compañeros de cuerpo, desde el Duque de Ahumada hasta el presente, y suponemos que aplicará la misma lógica a policías nacionales, municipales, funcionarios de prisiones, jueces, fiscales, militantes del PP, de UCD, de Falange y de Fuerza Nueva, aunque dudamos de que la aplique también a los policías autonómicos y militantes del PSOE.
Historiadores de esta provincia con más méritos que nosotros han documentado las circunstancias concretas de centenares de ejecuciones extrajudiciales de republicanos zamoranos. Los nombres y apellidos de los responsables de sus detenciones, traslados, sacas y paseos, y los de sus víctimas son públicos y notorios y están a la disposición de cualquier persona mínimamente bien informada, así que no aventuramos hipótesis indemostrables ni lanzamos afirmaciones injuriosas al decir que entre los primeros hubo miembros de “este Cuerpo único en el mundo” (Carmen Ferreras dixit) y entre las víctimas, no pocos alcaldes de pueblos zamoranos, y muchos militantes del mismo partido del alcalde de El Coronil. ¿Cree Carmen Ferreras que puede pedir, ni que sea en broma, el fusilamiento de un alcalde socialista por insultar a unos guardiaciviles que hace 76 años mataron a defensores del orden constitucional? ¿Hace extensivos sus insultos y sus deseos de muerte a cualquiera que denuncie la represión franquista? ¿Considera que los guardiaciviles que respaldaron el golpe de estado franquista tenían más legitimidad moral que los que defendieron el orden constitucional en 1936? ¿Reivindicaría el comportamiento, por poner un ejemplo con nombre y apellidos y acciones documentadas, del teniente de la guardia civil Luis Valera Nieves en 1936 en la provincia de Zamora? ¿Considera bien fusilados a los carabineros que ese mismo año defendieron el orden constitucional en Lubián? ¿Está dispuesta a dar la cara públicamente para asumir todas las consecuencias de sus palabras?

Eduardo Martín González

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3 respuestas a Carmen Ferreras y los fusilamientos

  1. Luis dijo:

    Lo de esta señora es de toma pan y moja…

  2. alberto dijo:

    Muy bien dicho.todos los dias leo el periodico la opinion, aciendo una horrible aunque obligada parada en la columna de esta maniaca.
    Me hierve la sangre cuando leo su apologia de odio contra todo aquel que no piensa como ella.no pertenezco a ningun partido politico y mis inclinaciones politicas son mas tirando hacia el sentido comun,pero si esta maniaca derechosa lee mi opinion,estoy seguro q no dudaria en insultarme o tacharme de podemita.en fin.agradezco tu articulo y espero la gente se conciencie y denuncien a estos tipejos maniacos e impulsores del odio.

  3. jose dijo:

    los represaliados por la república , fueron homenajeados , recompensadas sus familiares y tienen un sitio donde ir a llorarles … es de vergüenza que a 80 años sigan los desaparecidos en las cunetas y existan personas como esa señora tan católica ella que de alguna manera justifique esos asesinatos ….

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